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viernes, 29 de febrero de 2008

Tu nombre

Digo tu nombre, lo repito y cuando miro

hacia ese no lugar de tu ausencia

y por tu nombre te invoco

surge entrañable el sortilegio

que pone el ritmo de tus venas en las mías.


Entonces las fronteras, los mares, esos días

de viaje y todas las horas de insomnio

ya no aparecen como el límite,

ni el fin de nada, pues recia estás en mí

preñando mis labios de imposibles besos.


Estás aquí. Adentro. Bailás en mi cabeza

el pequeño y nocturno rondó de Mozart

y tus brazos abiertos son el despliegue

alado de generosas y virginales caricias.

Hacia arriba. Siempre hacia arriba,

buscando que la invocación de tu cuerpo

por tu nombre ilumine mis manos pardas,

cuando la altura de tu cadera me permita

vislumbrar los nuevos horizontes del goce.


Cargadas de esperanzas mis venas

se abren a las tuyas cuando tu nombre

son el único beso y la más honda ternura.

28 de febrero de 2008.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Giordano Bruno

Un 27 de febrero de 1600 fue quemado vivo este filósofo humanista.
Fijense en la fecha, 1600, no es pues una fecha del oscuro Medioevo.
Bruno fue uno de los sabios más impresionantes de su época.
Cuestionó el heliocentrismo y no se retractó. Este fue su gran pecado.
Lo condenaron en vida católicos, calvinistas y luteranos;.
Bruno nunca se doblegó ante los dogmas de su época.

domingo, 24 de febrero de 2008

Una gota de luz

Para vos

A tientas, palpando la humedad de mudas paredes,
casi a rastras, sintiendo el suelo vacilante a cada paso,
hacia abajo, hundiendo el cuerpo, el alma enfrente,
he buscado puertas, orificios y aberturas, la fuga.
Nadie sin un guía ha podido terminar con el cáliz.
El mundo es ciego, el destino intransigente y largo.
La voz en las sombras es siempre un ronco grito
y el eco repetido la cotidiana venganza de la nada.

La vida del subsuelo es una infinita esperanza
de una mano tendida o tal vez del dulce olvido.
En la honda sombra los sueños son prohibidos,
la pesadilla la rotunda realidad de los aciagos días
y al oír una voz, una voz que viene de la luz
todo el cuerpo se resiste al espanto del engaño.

No pude creer el primer día, porque tu llamado
para que me alzara al mundo luminoso donde
tu sonrisa era la clara llama de un amor fecundo,
me pareció la vana puerta hacia la ilusión perdida.
No pude creerlo. Tuve que arrinconarme en el llanto.
Pero vos bajaste segura y me ayudaste a apurar el cáliz
y recobrar riendas. Me enseñaste que los brazos abiertos
pueden también ser otra cosa que una sangrienta cruz.
Tu voz fue la primera gota de luz para mis labios secos.

22 de febrero 2008.

martes, 12 de febrero de 2008

Habitado por tu ausencia

Anoche
me sentí de repente habitado por tu ausencia.
Se me volvió angustia este papel
que guarda tu imagen lejana,
mi mano temblando le suplica un gesto,
un movimiento solo, no hay consuelo
de verte ahí aprisionada, cerca y tangible,
pero te siento otra, sos vos, pero no,
tus labios, tus ojos sonrientes, tus desnudos hombros,
tu frente inmaculada,
te remedan, quieren ser lo que no son,
se esfuerzan en parecerte y a veces me parece
que cobran vida, que me tendés tu mano
para tocarme, para aplacar mi mejilla
que arde aún de un beso imaginado.
Busco tu perfume, la letra de tu puño,
busco también tu aliento, tu pulso
y me encuentro desesperadamente
habitado por tu ausencia.

26 de octubre 2007.

martes, 5 de febrero de 2008

Danza del Sur de India (Kerala)



Me encantan mucho los gestos y los tamborines que se oyen.

sábado, 2 de febrero de 2008

Toda vos te quiero

Inagotable mi sed de vos.

Mi hambre.

Me has dado tanto, tanto

y no me basta.

Siempre pido más,

un beso más, un te quiero.

Y tu belleza

se multiplica en el detalle,

en el escondido lunar,

en la mecha ondulante que de tu cabeza cae.

Te volvés infinita en tus brazos que se abren

de par en par

para que salgan

de tu pecho

todos los pájaros de la tierra.

Quiero siempre más de vos,

una palabra más,

otro consejo,

un minuto más,

un eterno instante.

Y sos en mis venas el tiempo.

Quiero para mí todas las saetas de tu oscura mirada,

toda la luz,

toda la hondura

de tus ojos negros.

Toda vos te quiero.

2/02/08

jueves, 31 de enero de 2008

El niño flechero

Para vos

¿No oís nada?

Escuchá bien.

Un hombre camina

sin rumbo

por arenas donde en otro

tiempo jugó un niño

con arcos y flechas

sobre corazones

heridos.

Las arenas devoran sus pasos

y el derrotero

ha perdido horizontes.

¿No oís ahora el llanto del niño?

La ceñuda vida

ha quebrado sus flechas.

El hombre avanza

hiriendo sus pies

en las envenenadas puntas.

El antiguo niño

se burla

de su propio llanto,

de la misma vida

y de los sangrientos pasos.

¿Oís ahora

cómo se arrastra

el hombre manchando

la arena?

El niño

se ha quedado atrás,

muy atrás

recogiendo sus flechas,

limpiando la sangre

con blancos pañuelos.

Pañuelos que tal vez

sirvieron para largas,

tormentosas despedidas.

¿Oís ahora?

Escuchá esos pasos

forzados que arrastran

un cuerpo que niega

voltearse

y contemplar su vida.

¿Teme arrepentirse?

Tal vez (en esta marcha

nada es certidumbre)

lo arrastra hacia delante

un vértigo de luz

o el profundo eco

de un llamado.

¿Lo oís ahora

que se pone a soñar

en voz alta?

¿Oís que conjura

la angélica

aparición de una imagen?

¿Oís cómo se estremece

de miedo,

cómo tiembla igual

que un niño

que adivina que

la ceñera vida

resquebraja la antigua

ilusión de sus flechas?

¿Lo oís ahora?

3 de octubre de 2007

miércoles, 30 de enero de 2008

Kerbala

Cuando la noche
está a punto de florecer,
despojada de nubes,
vestida de estrellas,
por los cielos, siniestros
halcones aullan,
arrojando huevos
de miedo,
enormes semillas
de espanto.

La noche se pone triste
con sus despedazadas
tejas
y sus pequeñas muertes
sin íntimas agonías,
calladas con estruendo.


6 Abril 2003



sábado, 26 de enero de 2008

Sólo mi sangre

El día se asomó alegre,

de sol,

de trinos,

de cielo despejado,

de suave brisa

acariciadora,

para colmar su alegría

busqué para embriagarme

tu perfume,

surgió exacta

tu erizada piel

entre mis manos.

¡Tremendo delirio

del tacto y del olfato!

Sólo mi sangre

puede invocarte entera,

sólo mi sangre en el fuego

de la espera

se arrastra lenta

en las venas,

sintiendo el abierto

collar de tus brazos

acogedores.

Tu presencia, aquí,

en mi cuerpo, es sangre.

miércoles, 16 de enero de 2008

También entonces

Va y viene
como el mar en su resaca,
insistente como la nocturna soledad.
A veces como un fantasma
busca la tenebrosa ausencia,
la tiniebla ciega,
se vuelve entonces
la negra flor del olvido.

Pero
hay otra fuerza
candente,
esa que busca como
palpando al día
la hora vertical de tu presencia
y entonces
tu imagen,
tu voz,
tu negra mirada,
y tus cabellos en lidia
con el viento
son la vigorosa pujanza de la vida.

Estás
plantada, firme,
triunfante
en el eje mismo de mi existencia.

Sé, tiemblo, me estremezco
cuando la sombra que llega siempre
siembra dudas de mi propia presencia
y urjo entonces de tus manos
para que me hablen,
cuando ya no resuena
tu voz en mi cuerpo
y mis ojos confunden
ocasos y auroras.

Estás en mí
clara y oscura.

Sos la vida que en mi sangre
germina la luminosa locura
de quererte
y mis labios buscan tu cuerpo
desde un extremo al otro,
desde tus pies
hasta tu alta frente.

También entonces
tiemblo y me estremezco.

domingo, 13 de enero de 2008

Encrucijada

¿Lejana o distante?

El abismo es el mismo.


Es un ruido que se ha ido

en la quebrada,

retumbando,

con las sufridas piedras,

lágrimas calcinadas,

por este curso

que serpentea

para dilatar la pena.


Nada desemboca en la nada.

¿El mar?

Esa inmensidad no tiene tiempo

para abrir sus fauces

y tragarse la implacable ausencia.


Pude ver un instante,

¿imaginado?

Tal vez soñado,

corto, lo sé,

unas manos abiertas

como alegres mariposas

que deseaban secar

la sal de mis mejillas

y las sentí tiernas,

palpando la herida,

acallando el llanto.


La ilusión fue certera.

Fertil,

como son las serpientes

en las noches de plenisombra.

Ciega,

como toda ilusión,

no creyó que el presente,

tenaz,

viaja por los mismos

senderos

que llevan al pasado.


¿El recuerdo?

El recuerdo no sabe de caminos.

miércoles, 2 de enero de 2008

Poema

La primera brisa,

la sombra apenas insinuada,

la luz tímida,

un rumor lejano,

un pájaro en la alta rama.

El día despunta,

la memoria insiste

y tu imagen clara penetra

victoriosa

en mis sentidos.

El tiempo se puebla

con las letras de tu nombre.

Entonces tu alegría

germina en mis venas

y el cielo gris,

cargado, queda vencido.

Todo se vuelve

signo de tu presencia:

las últimas hojas del otoño

ya remoto, ausente,

la húmeda tierra,

la prisa del transeúnte

y todas la cosas

que fecundan al día.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Brasas, flechas y Venus

Yo nunca te hice

la promesa vana

de un amor eterno.

Pero nunca brasas

tan ardientes

me han quemado

y nunca tanto ardor

pudo en mis venas

dejar sembrada

la antigua flecha.



***************



El niño de los arcos

se reía y la diosa

del vestíbulo

alegre se ilumina

confiada en el oficio

de fundir en uno

los separados cuerpos.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Alberto Giacometti

Estuve ayer en los antiguos locales de la Biblioteca Nacional de Francia, es ahí que se presenta una nutrida exposición de los grabados del célebre pintor y escultor suizo Alberto Giacometti. Esta muestra se termina el 13 de enero del 2008. En estos momentos en el Centro Cultural "Pompidou" (Beaubourg) tiene lugar simultáneamente una importante exposición cuyo título es "El taller de Giacometti".

No soy especialista, ni critico de arte. Mi opinión tiene el peso de un diletante, del curioso que va a los museos, ve cuadros, los observa y a veces comenta. Recuerdo en este momento mi visita, en Madrid, con un amigo salvadoreño, a los cuadros de Goya. Recuerdo que hablamos mucho y compartimos impresiones. Al mismo tiempo que hablamos de nuestro arte actual y de la guerra que aún nos determina. Pero a raíz de este recuerdo, como sucede a veces, me ha venido otro, José Ortega y Gasset inicia uno de sus ensayos sobre Goya con estas palabras: "Desearía que el lector, durante la lectura de estas páginas, mantuviese siempre a la vista, plantado al fondo de su atención, este hecho: que soy un gran ignorante en materias de historia artística". Y después de agregar algunos motivos que lo movieron a aceptar introducir y opinar sobre sus grabados "que el bicentenario del pintor ocasiona". Creo que Ortega y Gasset se equivoca, era el centenario de la muerte. Esto es accesorio, se trata de un lapsus. Y en estos preámbulos dejándole al lector el cargo de "que va a leer decires sobre Goya dichos por quien no entiende de pintura ni de historia de la pintura", Ortega y Gasset pregunta luego: "Mas ¿no debe ello, por lo mismo, interesar a ciertos buenos lectores? Y, más en general, ¿no es conveniente y, acoso, muy fecundo que escriban también sobre las cuestiones quienes no entienden de ellas, quienes no son del gremio que las practica, quienes se enfrontan con ellas in puris naturalibus?

Aquí estoy ante mis amables lectores para decirles que voy a contarles mi visita y que mis impresiones tienen el valor de alguien que no sabe, pero con un quid: yo sé que no conozco nada de grabados y no presumo de ello, como tampoco presumo saber.

Ayer hacía frío, no obstante caminé a pié desde Châtelet hasta Palais Royal a lo largo de la angosta calle Saint-Honoré. Para los que no conocen París, no se trata tampoco de una larga caminata, apenas crucé uno de los barrios más pequeños de la ciudad.

La primera cosa: al entrar a la amplia y antigua sala de lectura me topo con un retrato en busto de Tristan Tzara en el frontispicio de un libro. Me detuve largo rato para observar los finos y decididos trazos del buril, que insinúan el fuerte carácter y la sutil inteligencia del fundador del movimiento Dada. Se ve la corbata mal puesta, el saco ajado y los redondos lentes. El libro que está detrás del vidrio es uno de los veinte ejemplares que se editaron, no sé por qué este detalle me hizo sentir cierto privilegio. Privilegio que evidentemente comparto con el resto de visitantes de la exposición, pues hasta estos días eran muy pocos los que habían podido contemplar el retrato. La Fundación Alberto y Annette Giacometti ha donado el grabado y un ejemplar del libro a la Biblioteca Nacional de Francia y que entrará al departamento de Estampas y fotografías.

Empiezo a recorrer la exposición, poco a poco voy reconociendo el estilo tan particular del pintor y del escultor, que de alguna manera, se mantiene en las litografías. Algunas parecen como el ensayo de alguna futura escultura. Pero esto se ve ya claramente cuando en las litografías que datan ya de los años cincuenta y sesenta.

En sus primeros trabajos se ve la experimentación, los fallos y los tanteos. Sus primeros grabados fueron en madera siguiendo el ejemplo de su padre, el pintor impresionista Giovanni Giacometti. Sus primeros trabajos son retratos de su familia y de sus compañeros del colegio en Suiza. Alberto Giacometti llegó a París en enero de 1922. Naturalmente el joven artista va a entrar en contacto con el Movimiento Surrealista. Es miembro de éste algunos años.

En París el se vuelve asiduo del taller de Stanley Willian Hayter en donde realmente se dedica a aprender las técnicas del grabado en dulce.

En la exposición encotramos algunas ilustraciones de libros de Breton, Crevel, René Char. Pero lo que más me ha apasionado en la exposición es la posibilidad que ofrece de ver los ensayos de Alberto Giacometti, pues el artista solía multiplicar las planchas, por ejemplo para realizar el retrato de André du Bouché hay cinco planchas y para el retrato de Pier Loeb se conocen hasta diez y este retrato ni siquiera será publicado.

De las litografías que me parecieron más atractivas son las que Giacometti le dedica a París y a su lugares preferidos de la capital francesa. La Iglesia de Saint Sulpice y la fuente (algunos recordarán la descripción de la iglesia que nos ofrece en castellano Carlos Fuentes, mucho antes de que Da Vinci Code la volviera una atractivo de un oscuro turismo). El restaurante Select visto desde la terraza de La Coupole. Ambos restaurantes célebres por haber albergado durante largas noches las discusiones de los surrealistas. En La Coupole cenó nuestro amigo Rafael Menjívar en su último día en París.

Una de las esculturas más conocidas es el "Hombre que camina". Esta figura filiforme la encontramos también repetida en algunas planchas, por ejemplo "La Mujer que Camina y un hombre parado". El personaje es insinuado por algunos trazos firmes y precisos, por algunas sombras.

Una litografía que me ha conmovido mucho es el retrato de su madre: "Madre sentada", se siente justamente la tranquila fuerza de la edad y la capacidad de retirarse detras de esas manos juntas, entrecruzadas.

Salí de la Biblioteca Nacional lleno de imágenes y con ganas de contarte mis impresiones.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Es inútil

Qué inútil este cielo azul,

así tan desnudo,

qué inútil este sol

con su insolente brillo,

este viento y el lejano perfume del mar

y esas gaviotas perdidas

que han llegado aquí con la tormenta.

Qué inútil es mentar las cosas,

qué inútil es reparar en la ondulada

cadencia de los pasos femeninos,

si lo que busco es otro cielo,

otro sol y otros pájaros.

¿Y qué quiero mentar?

¿Y de qué me sirve reparar

en nada, si ningún otro paso

es el tuyo, ni aunque lo busque,

ni aunque me lo imagine?

Todo esto es inútil,

buscar tus negros cabellos

en otras cabezas,

tus apasionados ojos negros

en otros rostros,

el ritmo de tu aliento

aquí a mi lado,

si el mar se ha tragado tanta

distancia para separarnos.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Llegaste

Fue entonces que llegaste,

suavemente, como la luz

temprana de la mañana.

Era entonces otro tiempo,

el de antes, cuando todo

se había extraviado,

hasta lo que nunca se pierde

andaba ausente, irredimible,

gastado, como se gasta el tiempo,

como se ausenta el brillo

de las manos fatigadas

y que nada redime.

Fue entonces que llegaste

con tu propia luz

y tus manos abiertas,

generosas y apacibles.

Era entonces otro tiempo,

el de antes, que había perdido

el gusto de desgranar los días

y juntarlos como perlas

profundas, únicas y sin precio.

Era otro tiempo,

absolutamente otro tiempo,

en el que los pasos abrían

llagas a los caminos

y el rumbo, cualquier rumbo,

era penetrar la obscura sombra.

Fue entonces que llegaste.

Vos, con todas tus ganas de vivir,

con tus claros ojos negros,

con tu pelo al viento, suelto,

libre.

Me llamaste.

Oí tu voz

y sentí mío de nuevo al tiempo

y mío el camino

que me alumbran tus ojos

y me señalan tus manos.

Fue entonces que llegaste,

cuando ya no te esperaba.

 
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