miércoles 8 de febrero de 2012
Hieronymus
lunes 26 de septiembre de 2011
La RAE y Planeta censura a Castellano.org
martes 13 de septiembre de 2011
Entrevista con Alejo Carpentier
http://www.youtube.com/watch?v=9paj2_uWoIM&feature=player_embedded#!
martes 5 de abril de 2011
La noche de los Mayas de Silvestre Revueltas
Esta pieza la escuché hoy interpretada por una orquesta alemana, dirigida por un estoniano... En todo caso, la descubro hoy. Les pongo aquí la primera parte. Es otra versión, por supuesto.
lunes 28 de marzo de 2011
Cerebro, la escritura y la VI Tesis
La revista francesa de divulgación científica, La Recherche, en su número de febrero de este año, publicó algunos artículos bajo la engañosa rúbrica general “Cómo aprende el cerebro”. Voy a detenerme solamente en un aspecto de la serie: el reciclaje neuronal con la aparición de la escritura y el aprendizaje de la lectura. En el artículo del periodista Jacques Abadie, se describe detalladamente los resultados de investigaciones en laboratorios franceses y portugueses. Estas investigaciones han revelado que al ver una palabra escrita se activa el conjunto de áreas cerebrales del lenguaje oral e inversamente al oír una palabra (frase) se activa la zona que codifica su forma escrita, en las personas que saben leer. Esta última observación es importante, pues concierne el segundo aspecto de los descubrimientos relatados en el artículo.
En efecto, los estudios internacionales dirigidos por Stanislas Dehaene del Collège de France, han revelado con la ayuda de imágenes por resonancia magnética funcional (IRMf), que el aprendizaje de la lectura modifica considerablemente la organización de nuestro cerebro. En las personas alfabetizadas, las áreas de la vista y del lenguaje son más extensas y se activan más fuertemente cuando se les muestra una palabra escrita. Otro aspecto revelado por las investigaciones es el hecho sorprendente de que la zona que se encarga de la escritura, en los analfabetas se usa para la representación de los rostros. Estos trabajos son muy recientes, los últimos resultados fueron publicados en enero de 2011 y vienen a reforzar la nueva teoría: la adquisición de la lectura es posible gracias a una vasta restructuración cerebral, que termina en la especialización de una zona en el tratamiento de la escritura (el lenguaje escrito).
En el artículo, Jacques Abadie nos relata la aparición de la hipótesis a finales del siglo XIX. En el año de 1887, el neurólogo francés Joseph-Jules Déjerine atendió en su gabinete a un paciente que sufría un mal muy extraño, éste ya no lograba leer, aunque continuaba reconociendo con facilidad objetos, caras y cifras. Cinco años después el paciente falleció de un accidente neurovascular. Al proceder a la autopsia, Déjerine observó lesiones antiguas en la parte posterior del hemisferio izquierdo, precisamente en el lóbulo temporal, región indispensable en el tratamiento de estímulos visuales. Déjerine supuso que estas lesiones explicaban la “ceguera verbal” del paciente y que la zona deteriorada era también indispensable para la lectura.
Como todas las hipótesis esta tampoco fue unánimamente aceptada, pero desde entonces se iniciaron diversas investigaciones. Desde aquella época se ha bautizado a esta zona especializada en la lectura: “área de la forma visual de las palabras”. Gracias a las neuroimágenes obtenidas por resonancia magnética en estos últimos veinte años se ha llegado a confirmar la hipótesis de Déjerine, muchos laboratorios han estudiado con IRMf los cerebros de pacientes que padecen de ceguera verbal. Al sobreponer las imágenes de las lesiones observadas de este tipo de pacientes, los neurólogos han logrado delimitar un área que parece necesaria a la decodificación de la escritura.
En 2006 un estudio llevado a cabo en uno de los más grandes hospitales de París, Pitié-Salpêtrière, y dirigido por Laurent Cohen, vino a confirmar aún más esta hipótesis. Un grupo de neurólogos se interesó sobre el caso de una persona que sufría de epilepsia, cuyas crisis provenían de esa área. Le aplicaron electrodos para determinar y delimitar la zona a operar y curarlo de las crisis de epilépsia. Entre las pruebas preliminares le hicieron un test de lectura, el paciente sabía leer a perfección y el área de la forma visual de las palabras se activaba normalmente. Sin embargo luego de la ablación de esta parte, el paciente no lograba reconocer simultáneamente todas las letras de una palabra. Estaba obligado a decifrarlas una a una. No obstante lograba reconocer otros objetos.
Si bien es cierto que la discusión sobre la existencia de un área destinada a la lectura no está clausurada definitivamente, surge paralelamente otra cuestión: ¿esta zona está predestinada desde nuestro nacimiento para la lectura?
Al plantear esta cuestión el periodista prosigue con una reflexión sorprendente, textualmente dice: “Hasta los años 1980, se consideraba el lenguaje como un fenómeno (donnée) biológico, una competencia natural del hombre. Parecería lógico que los circuitos neuronales que sostienen el tratamiento visual de las palabras sean de alguna manera precableados, incluso si la lectura necesita un aprendizaje”. Esta aserción no solo me sorprende, sino que también me consterna. El carácter social del lenguaje no tiene discusión desde antes de Ferdinand de Saussure, pero basta con las pruebas racionales que avanza el suizo para dar como establecido lo absurdo que significa pensar que el lenguaje pudiera ser un fenómeno biológico. Creo que esta afirmación consternante es el fruto de un conocimiento sobre el lenguaje de oídas y una lectura transversal de los trabajos de Chomsky. Por otro lado respecto al lenguaje no sólo hay aprendizaje, sino que también apropiación. He tratado de esto en mi artículo: “Lenguaje: producto y condición de la sociedad”.
Pero lo que sorprende aún más es la forma de la cuestión planteada por el periodista, puesto que el desarrollo de su artículo y la descripción que hace de las investigaciones no da lugar a tal planteamiento. Inmediatamente corrije y dice que gracias a los adelantos en las imágenes por resonancia magnéticas esta visión ha cambiado a finales de los años noventa. A partir de esta fecha es posible comparar la actividad cerebral de los que saben leer con la de los analfabetas.
El artículo de La Recherche nos indica que en 1998 un equipo dirigido por Alexandre Castro-Caldas del centro de estudios Egas Moniz de Lisboa, realizó una experiencia con personas que saben leer y con personas que no saben. Estas personas debían repetir en voz alta palabras realmente existentes y luego “pseudopalabras”, es decir palabras inventadas. Al mismo tiempo sus cerebros eran analizados por medio de tomografías por la emisión de positrones. El resultado fue que los analfabetas no activaron las mismas estructuras cerebrales que los que saben leer. Esta fue una de las primeras pruebas que el aprendizaje de la lectura modificaba la estructuración general de las áreas del lenguaje.
En este momento llego a la parte del artículo que más me interesa subrayar y que me lleva a una reflexión que compartiré brevemente al final.
Una nueva teoría
Stanilas Dehaene, con su equipo de la unidad de neuroimagenes cognitivas del Inserm (Instituto Nacional de la Salud y de la investigación médica), ha supuesto que esta modificación estaba influenciada por el establecimiento de circuitos neuronales para decodar las palabras. Por consiguiente estos circuitos no están presentes desde el nacimiento, sino que se forman durante el aprendizaje. “Esta idea concuerda con el hecho de que la lectura apareció demaciado recientemente en la historia de la humanidad para haber pesado sobre nuestra evolución genética, explica José Morais, de la Universidad Libre de Bruselas. Las primeras huellas de la escritura, descubiertas en Mesopotamia, datan de unos 5 400 años. En una escala de tiempo tan corta, el cerebro humano no ha tenido el tiempo suficiente para adaptarse y desarrollar una estructura especializada para la lectura”.
Jacques Abadie en su artículo de La Recherche nos explica que Stanislas Dehaene y Laurent Cohen han propuesto en 2007 una teoría nueva sobre las bases cerebrales de la lectura, la delreciclaje neuronal. Esta nueva teoría afirma que las redes neuronales que decodifican las palabras escritas asumen otra función antes de que nosotros aprendamos a leer, es decir que se reciclan. Esta hipótesis reposa en la idea que el cerebro puede reconfigurarse en función de experiencias y de los aprendizajes que nosotros realizamos.
El artículo sigue describiendo otras experiencias, que no cambian lo expuesto hasta aquí. Por lo tanto interrumpo este extenso resumen del artículo de Jacques Abadie publicado en el número de febrero de 2011 de La Recherche.
Aunque a algunas personas les pueda parecer exagerado o simplemente un despropósito, estos hechos y los planteamientos expuesto arriba, los acercó a lo que expone Karl Marx en su VI tesis sobre Feuerbach. ¿Qué dice esta tésis?
Justamente el contenido de esta tesis ha dado lugar a multiples polémicas, no puedo adentrarme en ellas sin correr el riesgo de alargar desmesuradamente un artículo para un blog. Así, voy a señalar únicamente que su contenido se ha desviado al querer resumirla en una sola oración que la vuelve falsa: “la esencia del hombre son las relaciones humanas”. Voy a dar la traducción más o menos admitida por lo general al castellano:
“Feuerbach diluye la esencia religiosa en la esencia humana. Pero la esencia humana no es una abstracción inherente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de las relaciones sociales.
Feuerbach, que no se ocupa de la crítica de esta esencia real, se ve, por tanto, obligado:
1) A hacer caso omiso de la trayectoria histórica, enfocando de por sí el sentimiento religioso y presuponiendo un individuo humano abstracto, aislado.
2) En él, la esencia humana sólo puede concebirse como “género”, como una generalidad interna, muda, que se limita a unir naturalmente los muchos individuos”.
El acercamiento que opero entre las investigaciones arriba mencionadas y esta sexta tesis de Marx tal vez no salte a la vista de manera evidente. Voy pues a tratar de explicarme. Esta tesis es una crítica no solamente a la concepción de Feuerbach, sino que a una manera de pensar que dura hasta ahora y que consiste en eregir como objeto de pensamiento un abstracción, como por ejemplo “el hombre” y se busca determinar, enumerar todo lo que le es propio, los propios. Se toma al “hombre” en tanto que “genero” para oponerlo al “animal” y se toman por ejemplo como sus “propios” de las deficiones del pensamiento del entendimiento, tal cual los define en su Organon Aristóteles. De esta manera se señala su posición vertical, la oposición del pulgar al resto de los dedos, su capacidad cerebral, etc. En los últimos tiempos en que la génetica ocupa un lugar de vanguardia en los estudios biológicos, se trata determinar la esencialidad del “hombre” a través de las determinacion genéticas, los genes. En las llamadas ciencias humanas o sociales, también se define al “hombre” y por lo general se hace una generalización, que se refiere al homo eoconomicus, que acaba siendo una serie de caractéristicas psicológicas de los burgueses en tanto que patrones capitalistas.
En La Ideología Alemana, Karl Marx reafirma su posición de esta manera: “La «concepción» feuerbachiana del mundo sensorial se limita, de una parte, a su mera contemplación y, de otra parte, a la mera sensación: dice «el hombre» en vez de los «hombres históricos reales». En esta frase podemos darnos cuenta, si tratamos de penetrar su significación, de la profunda revolución en el pensamiento que realiza Marx. Pues la fantasía “el hombre” nos obliga a excluir la historia de la realidad, a no ver “que el mundo sensorial que le rodea no es algo directamente dado desde toda una eternidad y constantemente igual a sí mismo, sino el producto de la industria y del estado social, en sentido en que es un producto histórico, el resultado de la actividad de toda una serie de generaciones, cada una de las cuales se encarama sobre los hombros de la anterior, sigue desarrollando su industria y su intercambio y modifica su organización social con arreglo a las nuevas necesidades. Hasta los objetos de la «certeza sensorial» más simple le vienen dados solamente por el desarrollo social, la industria y el intercambio comercial. Así es sabido que el cerezo, como casi todos los árboles frutales, fue transplantado a nuestra zona hace pocos siglos por obra del comercio y, por medio de esta acción de una determinada sociedad y de una determinada época, fue entregado a la «certeza sensorial» de Feuerbach”.
Si volvemos ahora a la escritura, nos daremos cuenta que esta existe también históricamente, socialmente. Exite en nuestras sociedades para algunos hombres y es inexistente para otros y que esta existencia o inexistencia tiene repercuciones incluso en los flujos neuronales, en algunos hombres las áreas de la “visión verbal” “son más extensas y se activan más fuertemente” que en otros, que esta extensión y esta mayor activación es el producto del aprendizaje, de la apropiación de la escritura. Es decir que aquí estamos en presencia de una determinación que viene de afuera hacia adentro, viene de una relación social, pues el aprendizaje es obligatoriamente una acción que se desarrolla entre los hombres.
Nuestro cerebro es capaz de reestructurarse, posee una elasticidad, pero esta se pone en marcha “en función de experiencias y de los aprendizajes que nosotros realizamos”. El desarrollo individual depende de las relaciones humanas que la sociedad en la que vive le permita, le ofrezca.
domingo 27 de marzo de 2011
Duerme negrito
miércoles 2 de marzo de 2011
sábado 19 de febrero de 2011
sábado 5 de febrero de 2011
domingo 19 de diciembre de 2010
Gramsci y fetichismo
Fetichismo.
Cómo se puede describir el fetichismo. Un organismo colectivo está constituido por individuos que lo forman en cuanto se dan y aceptan activamente una jerarquía y una dirección determinada. Si cada uno de los componentes concibe al organismo colectivo como una entidad extraña a sí mismo, es evidente que este organismo no existe más de hecho, sino que se transforma en un fantasma del intelecto, en un fetiche. Hay que estudiar si este modo de pensar, muy difundido, no es un residuo de la trascendencia católica y de los viejos regímenes paternalistas y se aplica comúnmente a una serie de organismos como el Estado, la Nación, los partidos políticos, etc. Es natural que suceda en la Iglesia, ya que, al menos en Italia, el trabajo secular del Centro vaticano, para liquidar toda traza de democracia interna y de intervención de los fieles en la actividad religiosa, ha sido plenamente logrado y se transformó en una segunda naturaleza de los fieles, aunque haya determinado precisamente esa forma especial de catolicismo que es propia del pueblo italiano.
Lo sorprendente y característico, es el hecho de que este tipo de fetichismo se reproduzca en la consideración de los organismos "voluntarios", no "públicos" o estatales, como los partidos y sindicatos. Se es inducido a concebir las relaciones entre el individuo y el organismo como un dualismo, y a una actitud critica exterior del individuo hacia el organismo (si la actitud no es de una admiración entusiasta, falta de critica). De todas maneras una relación fetichista. El individuo espera que el organismo actúe aunque él no lo haga y no reflexiona que por ser la suya una actitud muy común, el organismo es necesariamente inoperante. Por otro lado, hay que reconocer que estando muy difundida una concepción determinista y mecánica de la historia (que pertenece al sentido común y está ligada a la pasividad de las grandes masas populares), al observar cada individuo que no obstante su falta de intervención algunas cosas ocurren; termina pensando que por encima de los individuos existe una entidad fantasmagórica, la abstracción del organismo colectivo, una especie de divinidad autónoma, que no piensa con ninguna cabeza concreta, pero que, sin embargo, piensa, que no se mueve con determinadas piernas de hombres, pero que se mueve, etc.
Podría parecer que algunas ideologías, como la del idealismo actual (de Ugo Spirito), que identifican individuo y Estado, deberían reeducar las conciencias individuales; pero no me parece que esto ocurra en los hechos, ya que la identificación es meramente verbal y verbalista. Y lo mismo puede decirse de toda forma de "centralismo orgánico" fundado en el presupuesto --verdadero sólo en momentos excepcionales de enardecimiento de las pasiones populares-- de que la relación entre gobernantes y gobernados está dada por el hecho de que los gobernantes concretan los intereses de los gobernados y "deben" por lo tanto lograr su consenso. Vale decir, debe verificarse la identificación del individuo con el todo, estando el todo (cualquiera que fuese el organismo) representado por los dirigentes. Así como para la Iglesia católica un concepto tal no sólo es útil sino necesario e indispensable --toda forma de intervención desde abajo disgregaría a la Iglesia, como se observa en las Iglesias protestantes-- para otros organismos es cuestión vital el logro de un consenso no pasivo e indirecto, sino activo y directo; es decir, la participación de los individuos aunque esto provoque la apariencia de disgregación y de tumulto. Una conciencia colectiva y un organismo viviente se forman sólo después que la multiplicidad se ha unificado a través de la fricción de los individuos y no se puede afirmar que el "silencio" no sea multiplicidad. Una orquesta que ensaya cada instrumento por su cuenta, da la impresión de la más horrible cacofonía; estas pruebas, sin embargo, son la condición necesaria para que la orquesta actúe como un sólo instrumento".
jueves 16 de diciembre de 2010
viernes 26 de noviembre de 2010
miércoles 31 de marzo de 2010
Metáfora 3
Ante esta autoridad y aún mayormente cuando a esta manera de ver las cosas se ha ya asociado, ni más ni menos que Cicerón, uno debe de todos modos prestar oído atento. No obstante el tiempo pasa y a pesar de que todavía no existe una oposición frontal, poco a poco han ido apareciendo posiciones que matizan el significado de la metáfora, ya no tanto como una comparación abreviada, ni oculta, sino como un traspaso de significaciones de un campo a otro. Pero antes de entrar a este tema, voy a referirme al argumento de la desaparición del “como” para explicar el aparecimiento del sentido metafórico.
La comparación es una imagen antigua y fecunda, presente desde los cantos homéricos hasta hoy. Lautréamont (1846-1870), en sus Cantos de Maldoror, nos señala lo que sigue: “C’est, généralement parlant, une chose singulière que la tendance attractive qui nous porte à rechercher (pour ensuite les exprimer) les ressemblances et les différences qui recèlent dans leurs naturelles propriétés, les objets les plus opposés entre eux, et quelquefois les moins aptes, en apparence, à se prêter à ce genre de combinaisons curieuses.” [Hablando en general, es un asunto muy singular la tendencia atractiva que nos mueve a buscar (para luego expresarlas) las similitudes y las diferencias que entrañan en sus propiedades naturales los objetos más opuestos entre sí, y a veces los menos aptos, aparentemente, para prestarse a este género de curiosas combinaciones].
Volviendo al origen aristotélico del parentesco entre la comparación y la metáfora, el filósofo griego nos habla de alguna manera de esta “tendencia atractiva que nos mueve a buscar las similitudes”, como una virtud necesaria para crear metáforas. “... "
Se empieza pues comparando. La comparación poética urge del “como” para funcionar:
“El hombre
de la costa
se ve minúsculo
como pulga marina”. (Pablo Neruda, 1904-1973).
Rotunda y, al decir de Lautréamont, muy curiosa combinación, tan curiosa que el mismo poeta se desmiente y recurre a otro animal:
“No es verdad.
Ha colgado
como araña
en las piedras, en
el erial marino
su mansión miserable,
el hombre
de las tierras desdentadas
con trozos de latón, con tablas rotas
puso techo sobre los hijos
y salió cada día
al martillo, al cemento,
a los navíos”.
La figuras abundan en las “Nuevas odas elementales” del poeta chileno. En este trozo vemos el simil con la araña y la construcción laboriosa de la telaraña se nos presenta también al espíritu y de alguna manera esperamos verla, no obstante lo que aparece es una expresión antitética “mansión miserable”, reforzada por los escuetos y pobres materiales usados. La otra gran imagen, la metonimia, surge en la corta enumeración final.
Profesor de literatura y griego antiguo en París y director de la colección “Sujets” en la casa editora Belin, Alain Frontier nos explica a su manera como surge la metáfora al “borrar” la palabra “como”: “Du reste le mot comme peut être gommé (telle dame n’est plus seulement belle comme un astre, elle est un astre) et la comparaison faire place a la métaphore. Le mot comme souligne et signale qu’il y a saut d’un monde dans un autre; il permet par là de prendre conscience de l’opération qui s’effectue dans l’imaginaire ou dans l’écriture. La métaphore, elle, oublie volontairement le premier terme. En supprimant le mot comme, elle ne se contente de voir une ressemblance entre les choses, elle opère une métamorphose”.(La Poésie, Belin, París, 1992). [Por lo demás la palabra como puede ser borrada (tal señora no es más solamente bella como un astro, es un astro) y la comparación cede su lugar a la metáfora. La palabra como subraya y señala que se realiza un salto de un mundo a otro, permitiendo con ello tomar consciencia de la operación que se efectúa en la imaginación o en la escritura. La metáfora olvida a proposito el primer término. Al suprimir la palabra como no se limita a ver una similitud entre las cosas, sino que además opera una metamorfosis”.]
Sin que esta visión sea completamente desacertada, en las siguientes entregas trataré de mostrar, sirviéndome de algunas contribuciones lingüísticas, que la metáfora posee un funcionamiento sintáctico y semántico que no se limita a la mera ocultación o abreviación de la comparación.
miércoles 24 de marzo de 2010
Metáfora 2
Otra observación —que me parece muy pertinente— es la que hace Michel Magnien, en una nota sobre esta definición, en su edición de La Poética (Livre de Poche, París, 1990). En ella nos advierte que en aquella época, al igual que los términos gramaticales, los de la retórica y la poética aún no estaban firmemente establecidos, eran fluctuantes. Aristóteles, nos dice Magnien, emplea la palabra metáfora con una amplitud mayor de que la que tuvo al final de la Antigüedad y para sus herederos, los modernos. Para nosotros solamente la última “transferencia”, implicada por la relación de analogía que existe entre el elemento comparado y el elemento comparante (la vejez) es una metáfora. Los otros deslizamientos y los ejemplos dados constituyen en realidad, ya sea metonimias, ya sinécdoques (la relación de causa a efecto, de conteniente por contenido, el lugar por la cosa, el signo por la cosa, etc.). El ejemplo del bronce y la espada, nos dice Magnien, es una sinécdoque.
No obstante para el lingüista ruso Aleksandr Afanasievich Potebña (А. А. Потебня, 1835-1891) solamente la relación de género a género es metonimia y las dos primeras son sinécdoques (del género a la especie y de la especie al género). Tanto el lingüista ruso, como el retorista francés concuerdan en que únicamente la cuarta figura es una verdadera metáfora.
A. A. Potebña sigue su comentario de este famoso pasaje y nos dice que Gustav Gerber (eslavista alemán, 1820 – 1901) extiende a los otros tropos (metonimia y sinécdoque) la opinión de Aristóteles sobre la posibilidad del doble reemplazo de los miembros correspondientes de las ecuaciones que ha aplicado para la metáfora. Un ejemplo dado por Gerber es la posiblidad de aplicar a los rayos del sol, por el hecho de que el astro lanza sus rayos, la palabra flecha y decir que “el sol arroja sus flechas”, pero Potebña no ve como se puede concebir un arco arrojando luminosos y ardientes rayos. En la sinécdoque se puede decir “el hombre es inmortal” ( hombre = los humanos), pero no se puede decir “los humanos entraron al cuarto” en lugar de “este hombre”.
“El raciocinio de Aristóteles —nos dice Potebña—sobre el doble intercambio de los miembros de las proporciones en la metáfora fuera justo, si en la lengua y en la poesía no existiera una determinada dirección del conocer, a partir de lo conocido hacia lo desconocido; si la conclusión por analogía en la metáfora fuera simplemente un juego gratuito de desplazamiento de magnitudes previamente dadas y no la adusta búsqueda de la verdad”.
El lingüista ruso insiste en este sentido y nos da un ejemplo muy interesante: “En realidad este juego de desplazamiento es un caso raro, posible sólo con metáforas ya listas. La metáfora necesaria, la buena metáfora surge siempre del caso, que en Aristóteles es como si fuera una excepción, precisamente cuando (hablando de manera esquemática) se da una proporción con el cuarto elemento desconocido: a : b = c : x. Aquí a : b es lo antes conocido, por ejemplo el agua y sus gotas. Esto constituye una base firme para el conocimiento a venir. Luego entra en el pensamiento la piedad (el sentimiento) y se cuestiona, cómo entender, cómo representarse, cómo nombrar un grado suave de este sentimiento. La respuesta es “la gotas de la piedad” (Pushkin) en la compresión posterior, en la compresión estrictamente poética se establecen las relaciones: agua : gotas = piedad : gotas de la piedad; en el anterior estado mítico del pensamiento se trata de una ecuación de la segunda relación con la primera: piedad = agua (basándose, tal vez, en que la piedad genera lágrimas, y con esto otra vez la ecuación lágrimas = piedad). Sin embargo de esto, de ningún modo, se infiere que para la segunda relación era necesario el esclarecimiento de la primera; puesto que en la primera relación no existe un grandor desconocido”.
Me parece útil y extremadamente original este modo de cuestionar la descripción aristotélica del surgimiento y funcionamiento de la metáfora.
