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martes, 7 de mayo de 2013

domingo, 31 de marzo de 2013

Saussure, por dónde empezar


Voy a copiar en francés la primera nota de Ferdinand de Saussure que fue publicada en el libro “Ecrits de linguistique générale” en nrf Editions Gallimard, París, 2002. Los editores son Simon Bouquet y Rudolf Engler. Sigue la traducción y un comentario. Esta primera nota lleva por título “Prefacio”:

1 Préface


 Il paraît impossible en fait de donner une prééminence à telle ou telle vérité de la linguistique, de manière à en faire le point de départ central : mais il y a cinq ou six vérités fondamentales qui sont tellement liées entre elles qu’on peut partir indifféremment de l’une ou de l’autre et qu’on arrivera logiquement à toutes les autres et a toute l’infime ramification des mêmes conséquences en partant de l’une quelconque d’entre elles.

            Par exemple, on peut se contenter uniquement de cette donnée :

            Il est faux (et impraticable) d’opposer la forme et le sens. Ce qui est juste en revanche c’est d’opposer la figure vocale d’une part, et la forme-sens de l’autre.

            En effet, quiconque poursuit rigoureusement cette idée arrive mathématiquement aux mêmes résultats que celui qui partira d’un principe en apparence très distant, par exemple :


            Il y a lieu de distinguer dans la langue les phénomènes internes ou de conscience et les phénomènes externes, directement saisissables.

 Doy esta versión provisoria de la primera nota manuscrita del lingüista ginebrino:

1 Prefacio

            “Parece imposible de hecho dar una preeminencia a tal o cual verdad de la lingüística, de manera que podamos hacer de ella el punto de partida central; pero hay cinco o seis verdades fundamentales que están ligadas entre sí, de tal manera que uno puede partir indiferentemente de una o de otra y se llegará lógicamente a todas las otras y a toda la ínfima ramificación de las mismas consecuencias partiendo de cualquiera de ellas.

            Por ejemplo, uno se puede limitar únicamente a este dato:

            Es falso (e impracticable) oponer la forma y el sentido. Al contrario lo que es justo oponer es la figura vocal de una parte y la forma-sentido de la otra.

            Efectivamente, si alguien persigue rigurosamente esta idea llega matemáticamente a los mismos resultados que aquel que parta de un principio en apariencia muy distante, por ejemplo:

            Cabe distinguir en una lengua los fenómenos internos o de conciencia y los fenómenos externos, directamente aprehensibles”.


Es imposible no darse cuenta que desde el momento en que esta nota fue escrita y el momento actual, los cambios terminológicos han sido drásticos. Esto paradójicamente ha sido el resultado del desarrollo de la misma lingüística saussureana. Por otro lado, muchos criticaron a los “editores” del “Curso de lingüística general”, Charles Bally y Albert Sechehaye, el punto de partida que adoptaron, no obstante esta primera nota demuestra que ellos fueron fieles al maestro ginebrino, pues en realidad el “Curso” propiamente dicho, la exposición de la nueva teoría realmente se inicia en el capítulo III, los dos primeros son generalidades preliminares que bien se pueden poner allí u omitirlas. Pero la exposiciónreal la inician justamente a partir de un principio o una de las “verdades fundamentales” de las que nos habla de Saussure en esta nota, verbi et gratia, la dualidad del objeto o si se prefiere el carácter dual del objeto de la lingüística. 

Me llaman la atención dos adverbios usados por de Saussure en este “Prefacio”, “lógicamente” y “matemáticamente”, pero no me sorprendieron, ambos se refieren a los efectos inexorables o necesarios que se desprenden de iniciar la exposición por una de esas “verdades fundamentales”. Ahora tal vez algunos dijeran “automáticamente”. En todo caso de lo que se trata es de un movimiento interior, propio del objeto mismo. Este arranque condiciona el resto de la exposición, cada paso prepara el siguiente y lo presupone. Si este inicio nos conduce lógicamentematemáticamente a los mismos efectos, a “las mismas consecuencias”, significa que este punto de partida de la exposición no es arbitrario, sino que necesario. Pues cuando se llega a examinar a partir de qué punto hay que iniciar la exposición de una ciencia, de una investigación, también esto significa que la investigación propiamente dicha ya está concluida y la tarea que se presenta no es la descripción de cada paso de la búsqueda, sino que la presentación de los resultados.

Saber por dónde es necesario iniciar la exposición significa haber despejado de la montaña de datos y materiales examinados, cuál es el hilo conductor del raciocinio llevado adelante y cuál es el movimiento mismo y propio de la materia estudiada. Muchos critican a los “editores” del “Curso” de no dejar aparecer las dudas y las vacilaciones del maestro ginebrino. Piensan que hubiese sido interesante, importante dejar aparecer en el “Curso” el momento de búsqueda, que no todo estaba acabado en la mente de Saussure.

Aquí tenemos un problema realmente filológico y lógico también. El primero se trata de averiguar: ¿si los materiales encontrados posteriormente, los que no estuvieron en las manos de Charles Bally y de Albert Sechehaye, desmienten las “verdades fundamentales” que aparecen en lo que muchos llaman la vulgata? ¿Si lo nuevo contradice los postulados en los que se basa el desarrollo de la exposición del “Curso” o si solo nos dan una apreciación del camino investigativo que está recorriendo Saussure durante esos años? Por el momento no aparece que lo nuevo venga a desmentir o contradecir fundamentalmente lo expuesto en el manual. Es posible que algunos aspectos se puedan ahora formular de otra manera. En realidad muchas cosas dichas en el “Curso” se han ido matizando, se han ido refinando y profundizando en el desarrollo de la lingüística saussureana.

Los editores de los “Ecrits de linguistique générale” (“Escritos de lingüística general”) nos dicen en su prefacio (pág. 9) que “su carácter menos categórico testimonia una observación como esta: “La dificultad que uno experimenta en anotar lo que es general en la lengua, en los signos de habla que constituyen el lenguaje, es el sentimiento que estos signos pertenecen a una ciencia mucho más vasta que no lo es la “ciencia del lenguaje.” O aun esto, de manera más radical: “Si hay realidades psicológicas, y si hay realidades fonológicas, ninguna de las dos series separadas no sería capaz de dar un instante nacimiento al menor hecho lingüístico. — Para que haya hecho lingüístico, es necesario la unión de las dos series, pero una unión de un género particular — del cual sería absolutamente vano de explorar en un solo instante los caracteres o decir de antemano en qué consistirá”. Las partes entrecomilladas de esta cita pertenecen a Saussure y vienen en las páginas 265 y 103 respectivamente de estos “Escritos”.

Sabemos tanto del “Curso” como por los mismos “Escritos” que Saussure pensaba en una ciencia general de los signos y de la que la lingüística formaría parte. No veo en que esto es menos categórico o en qué es más categórico el “Curso”. Pero incluso lo que ahora nosotros llamamos signos no corresponden a lo que Saussure llama aquí, en este pasaje, “signos”. Y justamente el segundo pasaje citado trae justamente una de esas “verdades fundamentales” de las que se puede partir para exponer la ciencia del lenguaje. Es decir, eso que cabe distinguir y que obligatoriamente no se pueden separar, que únicamente unidas constituyen un hecho lingüístico. Esto está retomado tal cual en el “Curso”. Incluso está retomado en sus vacilaciones terminológicas. Este es uno de los “defectos” más señalados con mayor recurrencia y tal vez con mayor justificación a los “editores” del manual.

Todo el curso, todos las discusiones posteriores alrededor del signo lingüístico giran precisamente en torno a esa “unión de género particular”, de su carácter. Esta unión de género particular es también la que caracteriza a esta otra “lengua y habla” y que proviene justamente o si se prefiere se engendra a partir de la unión estrecha, indisoluble del significante y del significado. Desentrañada la verdadera naturaleza de esa unión sui generis permite justamente evitar caer en una “filosofía del lenguaje”, a estas alturas, inútil y sin ningún interés. Que muchas cosas, en sus reflexiones, le parecieran a Saussure pertenecer aún a una filosofía del lenguaje no cabe duda. Pero su inquietud era precisamente fundar la ciencia del lenguaje.

Por otro lado, no creo justamente que se pueda lógicamente exponer la ciencia del lenguaje a partir de cualquier “verdad fundamental”. Hay una “verdad fundamental” que las contiene todas y a partir de la cual se pueden deducir “matemáticamente” las otras, esta verdad es la más abstracta y la más sencilla. Se trata del signo lingüístico, de la unión del significante y del significado. A partir de aquí podemos incluso llegar hasta los fundamentos de la ciencia general de los signos y señales, la semiología.   

jueves, 6 de diciembre de 2012

Objetal


La palabra objetal tiene curso en el español, aunque se trata de un uso muy restringido, en un campo muy preciso: el psicoanálisis.  No obstante mi interés por esta palabra no tiene nada que ver con las enseñanzas freudianas, ni si Freud manejó o no este concepto. Se trata de un significado nuevo que existe ya en otras lenguas y que viene a llenar un vacío. Me refiero a que en castellano existe ya un adjetivo a partir de la palabra objeto, me refiero a “objetivo”, pero cuyos significados corrientes, los más usuales son “1. Perteneciente o relativo al objeto en sí mismo, con independencia de la propia manera de pensar o de sentir. 2. Desinteresado, desapasionado. 3. adj. Fil. Que existe realmente, fuera del sujeto que lo conoce”.

El significado al que me refiero es el siguiente: “que es propio o exclusivamente relativo al objeto, del objeto”. Por ejemplo, “las formas objetales son las que en última instancia determinan el uso de los instrumentos”. Estas formas objetales pueden perfectamente ser objetivas, es decir existentes en sí, independientemente de lo que yo piense o sienta y están, como el objeto mismo, fuera de mi conciencia. Las sustancias de las que está hecho un objeto son objetales, sus características, sus formas, etc. también son objetales.

Existen por supuesto otros adjetivos que se han construido en castellano usando el sufijo “-al.” Del lat. -ālis). 1. suf. En adjetivos, indica generalmente relación o pertenencia. Ferrovial, cultural. La forma pues del adjetivo “objetal” corresponde perfectamente a la morfología castellana, a su formación de palabras. Desde este punto de vista no hay nada que objetarle. El significado existe, pues en muchos textos se hace referencia usando cada vez las formas: “del objeto”, “de un objeto”, “de este objeto”, etc. O sea que nada impide que aparezca en nuestro uso esta nueva palabra, objetal. ¿Qué piensan ustedes al respecto?

Me dijiste


Me dijiste adiós tan suavemente,
con tan queda voz, con tan dulce gesto
que me quedé soñando largos años
en tu ausencia
que estabas ahí dentro de mí
aún presente.
Te traté como pude
con la rapacidad que me entregaste
con la inquietud
y la desganada indolencia con que
me ayudaste a creer inagotable
el tiempo.
Te fuiste con tu ligero paso
creyéndote tal vez engañada
mal pagada tu generosa entrega.

París, 197?, C. Abrego.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

…cerrando el clavel…


Mató tunco tu tata. ¿Mató tunco tu tata? Luego te soplaban en los ojos y si pispileabas…  Mató tunco tu tata. Y a veces lloraba. Nunca pudo decir que no tuvo miedo. Siempre tuvo miedo. Ahora estaba postrado en la cama de enfermo y los médicos no le decían cuál era su enfermedad, cuándo saldría del hospital. Lo trajeron una mañana gris y sin embargo estaba seguro que era por unos días, que los médicos no lo iban a entretener mucho. ¿Mató tunco tu tata? Las hormigas siempre en ringlera india, dándose besos constantemente. ¿Por qué tan largos los días en los hospitales? No lo venían a visitar. Se había quedado solo desde que su madre murió, cuando él estaba todavía en la escuela. Siempre solo en su casa hasta que su madre llegara del mercado, donde trabajaba vendiendo ropa. Las hormigas, una tras otra, siempre dándose besos. Luego largos años de servicio en una agencia de seguros de vida. Eran las cuatro de la tarde, luego vendría la enfermera con los frascos. Luego las monjitas con sus consejos: paciencia. ¿Mató tunco tu tata? ¿Tuviste miedo? Hoy también un miedo sordo y fuerte le apretaba la garganta. ¿Cuál era su enfermedad? Ya no le dolía nada, pero seguía languideciendo, le faltaba el apetito, ya no le gustaban las naranjas que las madres de la caridad le llevaban todos los días, por las tardes, paciencia. Luego te descuidabas un rato y solo quedaban unas pocas hormigas desparramadas por el pequeño patio de la casa. La madre tenía que llegar a las seis, pero siempre llegaba tarde, más tarde, siempre más tarde. Vamos a la vuelta de toro toro Gil. El canto venía de la calle, pero no podía unirse al coro mientras no llegara su madre. A ver a doña Ana comiendo perejil. ¿Por qué ninguno de los enfermos se atormenta como él, queriendo saber cuál era su enfermedad? ¿Por qué ellos se ven tan seguros? A veces sólo una póliza vendida en toda la semana. Y puertas, puertas, días enteros tocando puertas. Doña Ana no está aquí, estará en su vergel. Ya son las seis y la madre no llega, esta vez vendrá tarde. Ella arrastraba cada vez más los pies, el autobús la mareaba y prefería venirse andando. Abriendo la rosa, cerrando el clavel. Tía Agustina lo llevó a vivir con ella en el mesón “El Dorado”. Ella era más joven que su madre y no tenía hijos. Viva la flor que la mía es la mejor. Los profesores siempre lo paraban en el rincón por los zapatos empolvados. Y él callado, a veces unas lágrimas. Pero tía Agustina no era su mamá. Lo quería y no era mala como decía su madre. La enfermera tampoco le daba esperanzas, que no sabía. En el patio del mesón jugaban todos los niños. Por ahí pasó un soldado todo roto y remendado. Y el director siempre negándole aumentos, hasta adelantos. Al principio sus clientes eran buena paga, ahora ni clientes. Tía Agustina salía todas las noches y no regresaba, él se quedaba solo, pero podía salir a jugar. Lo que vi que no llevaba era calcetín. En las mañanas lo despertaba temprano y lo mandaba a comprar leche y pan. El médico siempre lo mismo, le tocaba el vientre y hacía un nudo sus labios. En las mañanas salía a pasear por los jardines del hospital, en cada paso el vientre le recordaba el silencio de los médicos. Tía Agustina se pintaba los labios y salía del mesón, los niños le silbaban: qué cuero. Siempre le traía regalos, pero no era su mamá. Buscar otro trabajo, después de tantos años, no encontraría nada, si ni siquiera tenía oficio. ¿Adónde ir? Las monjitas siempre puntuales, a la misma hora con sus naranjas y sus paciencia. Calcetín si llevaba, lo que vi que no llevaba era gorra. Después los niños se iban a dormir y él regresaba al cuarto, otra vez solo, tía Agustina nunca regresaba. En el cuarto él solo, viendo chisporrotear el candil. El director implacable, pero tenía razón, sin ventas no podías seguir, había que buscar otro trabajo. Mató tunco tu tata. Y siempre el miedo, miedo a las sombras que reflejaba el candil. Y también ahora los médicos le parecían sólo sombras de fantasmas. Sombras blancas, impenetrables. Las monjitas sombras azules, paciencia. El mismo dolor una sombra en el vientre. Luego el hospicio de ancianos, con gente sin oficio y sin trabajo como él. Todos solos. Las hormigas siempre en línea, apresuradas dándose besos. Que llueva, la vieja está en la cueva. Los gritos de su madre llamándolo en los mejores momentos de los juegos. Los niños a veces lo acompañaban con miradas de lástima. Otras: gallina dormilona. Después un único pantalón grasiento y la camisa raída. Por ahí pasó un soldado todo roto y remendado. Tía Agustina todas las mañanas, despintada, mandándolo a la escuela. Su padre se fue con otra mujer, cuando él estaba recién nacido. Luego las monjitas en el hospicio, en el hospital, con sus naranjas. El cielo raso blanco, las paredes blancas, los médicos blancos, la enfermera con sus frascos. Gorra si llevaba, lo que vi que no llevaba eran botas. En el hospital a las tres de la tarde no hay enfermera con frascos, ni monjitas con naranjas, nada. Todo blanco. Cortando la rosa, cerrando el clavel. Y antes ni una ilusión. Del mesón a la escuela, de la escuela a la calle a buscar trabajo. En el hospicio una cola para comer, otra para pasear, otra para rezar. Antes habían sido caras distintas, siempre distintas, detrás de cada puerta una cara nueva. Y el tiempo pasaba. Y las caras de los médicos más impenetrables. Un silencio profundo. Tras la ventana los árboles movidos por el viento, ya no podía salir a pasear, las fuerzas estaban mermadas. Pispisigaña te agarra la araña. Luego vinieron los policías y se llevaron presa a la buena tía Agustina. Las viejas del mesón todas contentas, él lloraba. Tía Agustina no regresó nunca. Desde entonces las monjitas. A las seis de la tarde tocando la última puerta, luego calles largas. En la pensión nadie lo conocía. Entre sus papeles encontraron una foto de su padre.

Carlos Abrego.

Julio de 1971, Jerusalén. 

martes, 14 de agosto de 2012

Glosa sobre una traducción de un poema



Lo que voy a referir aquí viene provocado por una simple casualidad. Ayer por la noche, me puse a escuchar romances rusos por internet y encontré uno que compuso Mijail Ivanovich Glinka con letra de un poema de Alexander Serguiévich Púshkin. Ninguna de las interpretaciones me convenció. A partir de allí me puse a rememorar y volví a un poema de Púshkin, un poema corto, pero muy famoso, la fama en Rusia no supera su belleza. La intensidad del sentimiento expresado, su particular sonoridad, su ritmo, pero sobre todo la sencillez de toda la composición. Es tal vez el poema más conocido por los rusos, tal vez como algunos, entre nosotros, de Darío, de Bécquer o de Lorca.

Hice muchas tentativas por traducirlo. Pero traducir es más que traicionar, no obstante no todos pueden aprender el ruso, no todos podemos privarnos, aunque sea con enormes aproximaciones de tantos poetas extranjeros, como Tagore, Walt Whitman, Goethe, Dante, etc. Es por ello que debemos recurrir a ese puente tan maltrecho que es la traducción.

Hace dos años un amigo propuso en un Foro ruso-español hacer una traducción de ese poema de Púshkin,  proponía que aunáramos los esfuerzos y las tentativas. Fuimos pocos los que respondimos al llamado. Pero ninguna versión de las propuestas encontraba la aprobación de todos, algunas eran simplemente rechazadas sin mayores precauciones de urbanidad. Al final nos quedamos dos, el amigo que propuso y yo. No obstante entre nosotros lo común era que asumíamos el reto, pero no la concepción de la traducción. Existe en Rusia una tradición antigua y enraizada de permitirse amplia libertad con el original, dar más bien una versión propia a partir del original. Claro, cuando el traductor se llama Boris Pasternak o Samuil Marshak, uno no se atreve a ponerle reparos a esa tradición. Pero existen otras tradiciones tan nobles como a la que me refiero. Mi posición es bastante intermedia, no quiero decir conciliatoria, sino que admito que en ciertos casos, apegarse a la letra trae peores resultados que permitirse dar un rodeo, apartarse un poco.

En todo caso, mis traducciones fueron técnicas u orales en su gran mayoría. Traduje poetas sólo como un desafío y para consumo personal. He dado a conocer muy pocas, unas de la poeta Anna Ajmatova y otra de un poema de Boris Pasternak.

Hoy en Facebook entregué una versión del poema de Púshkin al que me he referido. Primero publiqué el texto original, prometiendo que alguna vez iba a dar mi propia traducción, un amigo me sugirió una traducción automática y otro con autoría. La primera quedó descartada de inmediato, la segunda a mi gusto trae demasiados antojos interpretativos que no conllevan un aporte poético particular. La transcribo aquí:

Yo la amé…

Yo la amé,
y ese amor tal vez,
está en mi alma todavía, quema mi pecho.
Pero confundirla más, no quiero.
Que no le traiga pena este amor mío.
Yo la amé. Sin esperanza, con locura.
Sin voz, por los celos consumido;
la amé, sin engaño, con ternura,
tanto, que ojalá lo quiera Dios,
y que otro, amor le tenga como el mío.


La versión es de Rubén Flórez Arcila. A continuación pongo mi versión con el original y la explicación de un desliz que he cometido en mi variante:

Я вас любил: любовь ещё, быть может,
В душе моей угасла не совсем;
Но пусть она вас больше не тревожит;
Я не хочу печалить вас ничем.
Я вас любил безмолвно, безнадежно,
То робостью, то ревностью томим;
Я вас любил так искренно, так нежно,
Как дай вам Бог любимой быть другим.

1829


La quise: el amor aún puede existir,
en mi alma no se ha extinguido del todo;
pero que ya no la angustie más;
no quiero entristecerla de ningún modo.
La quise taciturno, desesperadamente,
muerto ya de languidez, ya por los celos;
la quise tan sincero, tan tiernamente,
ojalá otro pueda amarla cómo la quise yo.

En esta versión interpreto de manera antojadiza los primeros versos, pues hago caso omiso de la coma y le doy otro sentido al "быть может", que es una manera invertida de "puede ser", con el significado de posibilidad; por mi parte le he dado en esta versión la calidad de existencia. Esto es una  apostasía. Pero en realidad he optado temporalmente por ello hasta que encuentre otra versión que contenga algo de ritmo, reproduciendo el sentido.

En todo caso reconozco que esta mi versión es patoja. La puse para mostrar lo apartado que anda en el sentido el colega Flórez Arcila.
A los dos primeros versos le he dado en otra versión esta forma:


La quise: el amor, quizás,  aún todavía
no se extinguió del todo en el alma mía;”


Presumo que se ve con facilidad la diferencia de forma y de sentido. En el tercer verso del original y de mi versión y que en la de Flórez Arcila resulta ser el cuarto, la palabra “тревожит” significa ‘angustiar’, tal vez ‘acongojar’ y en poco se puede acercar a ‘confundir’. Mi traducción no me complace, es de las que más renquea.


Como lo he repetido ya, he realizado varias versiones, algunas las quemé, otras las perdí. En los papeles en que encontré la versión que he puesto arriba, hay otra de ese tercer verso, cuya forma aisladamente me convence más:


“No quiero acongojarla con mi amor”

Pero ese verbo volitivo el poeta lo usa en el verso siguiente, de dejarlo en ambos produciría una bochornosa cacofonía. La dificultad es al mismo tiempo semántica y morfológica. Hay en ese verso una partícula (“пусть“) que expresa enfáticamente el deseo que lo enunciado en la frase se realice. Más o menos esto lo expresa nuestro “que” en frases como “que te vaya bien”, “que te diviertas”, “que te guste”, etc. Es la opción que he preferido. No obstante la dificultad se acrecienta también por el volumen sonoro del pronombre de la tercera persona. Amor en ruso es femenino y el pronombre femenino de la tercera persona tiene dos silabas como en castellano, pero en nuestra lengua el amor es masculino y nuestro pronombre tiene apenas una silaba. Pudiera parecer que le busco más pies al gato, pero no es así. Para darle el mismo volumen es necesario poner el sustantivo en vez del pronombre:

“Pero que mi amor no le dé más congojas”

Esta es otra variante, tal vez la mejor que he encontrado. Pero no es la mejor posible. Y tal vez busco lo imposible, pero en esto prefiero imitar a García Lorca:

“No podre quejarme
si no encontré lo que buscaba.”
 
Bueno, para redondear esto, voy a poner entero de nuevo el poema, remplazando algunos versos por los que he ido sugiriendo:

La quise: el amor, quizás,  aún todavía
no se extinguió del todo en el alma mía;
pero que mi amor no le dé más congojas;
no quiero entristecerla de ningún modo.
La quise taciturno, desesperadamente,
muerto ya de languidez, ya por los celos;
la quise tan sincero, tan tiernamente,
ojalá otro pueda amarla cómo la yo quise.


Completo esta nota con algo muy curioso. Algunos participantes rusos, del foro al que me he referido, sugirieron que no se usara el verbo “querer” pues les parece a ellos, siguiendo las connotaciones de su lengua, que este verbo es demasiado grosero, carnal. Esto no me sorprende, lo que me dejó boquiabierto es que algunos hablantes del castellano, tanto de América, como de España, coincidían en esto. Para expresar el amor ellos afirmaban que existe solo el verbo ‘amar’. Traté de disuadirlos dándoles ejemplos insignes de poetas españoles, como nuestros. Les di el ejemplo de un verso muy traído de Neruda, aquellos que se inician con “Puedo escribir los versos más tristes esta noche”:


“Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído”.

Pero tuve que recurrir definitivamente a un poeta español que expresa su amor de hombre hacia su Dios, el verbo para mostrar tan desencarnado amor que usa justamente es el verbo ‘querer’:


“No me mueve, mi Dios, para quererte 
el cielo que me tienes prometido, 
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.


Tú me mueves, Señor, muéveme el verte 
clavado en una cruz y escarnecido, 
muéveme ver tu cuerpo tan herido, 
muévenme tus afrentas y tu muerte.


Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, 
que aunque no hubiera cielo, yo te amara, 
y aunque no hubiera infierno, te temiera.


No me tienes que dar porque te quiera, 
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.







sábado, 12 de mayo de 2012

Son de negros en Cuba


De Federico García Lorca

Cuando llegue la luna llena iré a Santiago de Cuba.
Iré a Santiago
en un coche de agua negra.
Iré a Santiago.
Cantarán los techos de palmera.
Iré a Santiago.
Cuando la palma quiere ser cigüeña,
iré a Santiago.
Y cuando quiere ser medusa el plátano,
iré a Santiago.
Iré a Santiago
con la rubia cabeza de Fonseca.
Iré a Santiago.
Y con el rostro de Romeo y Julieta
iré a Santiago.
¡Oh Cuba! ¡Oh ritmo de semillas secas!
Iré a Santiago.
¡Oh cintura caliente y gota de madera!
Iré a Santiago.
Arpa de troncos vivos. Caimán. Flor de tabaco.
Iré a Santiago.
Siempre he dicho que yo iría a Santiago
en un coche de agua negra.
Iré a Santiago.
Brisa y alcohol en las ruedas,
iré a Santiago.
El mar ahogado en la arena,
iré a Santiago.
Color blanco. Fruta muerta.
Iré a Santiago.
¡Oh bovino frescor de cañaverales!
¡Oh Cuba! ¡Oh curva de suspiro y barro!
Iré a Santiago.


jueves, 3 de mayo de 2012

Lecturas y recuerdos (lingüísticos)


En estos días he vuelto a mis lecturas lingüísticas, he leído viejos artículos y conferencias de André Martinet, algunos de Emile Benveniste,  he vuelto a hojear a de Saussure, me he enfrascado en algunos textos de autores rusos que tratan del aspecto, la temporalidad y la modalidad. Los textos de Martinet me retrotrajeron a mis años universitarios en los que descubrí que muchas cosas se aprenden discutiéndolas con los amigos. No recuerdo exactamente de quién fue la idea, pero un grupo de alumnos de la Facultad de Filología (Departamento de Lingüística General) decidimos crear un “Círculo”, tal vez soñando que alguna vez imitaríamos al famoso Círculo de Praga de inicios del siglo pasado. Dos profesores nos alentaron mucho al principio, mi profesor principal Dimitri Evguenievich Mijalchí y el docente Yuri Veniaminovich Vannikof. Sus intereses y personalidades eran complementarias y no dejo de señalar que eran heterogéneas, la primera basada en toda la historia de los inicios de nuestra ciencia y el otro apasionado en todo lo nuevo que llegaba del extranjero, gran experimentador de métodos. Pues en ese “Círculo” discutíamos mucho. La manera de proceder era la siguiente, uno de nosotros preparaba una ponencia, corta, de diez a quince minutos y luego nos poníamos a desmenuzarla. Nos reuníamos dos veces al mes, lo hicimos durante dos años. Esto terminó cuando algunos miembros tuvieron que empezar a escribir sus tesis de fin de carrera.

André Martinet me recuerda esas reuniones pues tanto los temas, como el enfoque suyo en mucho se asemejan al que practicaban nuestros profesores moscovitas y que nosotros asumíamos y, creo, seguimos asumiendo hoy. Aunque hay un punto fundamental que nos separaba a muchos y es que no lográbamos ponernos de acuerdo sobre la famosa división del maestro ginebrino de Saussure, Lengua y Habla. Pienso que en toda la lingüística europea sigue siendo un problema teórico que no se ha dilucidado hasta el final. La formulación que encontramos en el famoso y fundador “Curso de Lingüística General” no es muy precisa, no adquiere allí un aspecto acabado, viene mezclada con otros temas que tampoco fueron expuestos allí con el rigor que tal vez tuvo en su cabeza el maestro, pero que no se plasmó en los apuntes de sus alumnos, ni encontró reflejo en el famoso “Curso”  que fue redactado por Charles Bally y Albert Sechehaye a partir de dichos apuntes.

Este fue uno de nuestros temas más enconados. Muchos afirmaban que se trataba simplemente de una división metodológica, una especie de punto de vista a partir del cual se abordaba la investigación. Otros sostenían que en realidad esa división tocaba más de fondo a la esencia misma del objeto lingüístico: el lenguaje humano. No obstante pocos encontraban la forma de exponer la teoría de manera totalmente satisfactoria. Nos llegó durante esos años unos escritos, que ya tenían su tiempo de circular en Uruguay, de Eugenio Coseriu. El asumía la división, pero le agregaba un tercer término, la norma. En su “Sistema, norma y habla” procede a una crítica aguda y por momentos convincente de la fallas en la exposición que encontramos en el “Curso”. Pero Coseriu ve en algunos momentos señalados de esta dualidad simplemente “aporías”, sin ir más allá en su análisis. A veces encontramos en ese escrito la palabra “dialéctica”, pero no llega más lejos que a simples señalamientos. Como sea, la teoría de Coseriu se impuso en nuestro “Círculo” y en nuestra facultad. Su influencia en la lingüística soviética fue más reducida, la traducción de su obra llegó  demasiado tarde, cuando ya el dogmatismo brezhneviano comenzaba a hacer sus estragos.

La oposición a la bipartición saussureana también era filosófica: los ataques venían del empirismo disfrazado en materialismo “dialéctico” de algunas eminencias de la Academia de Ciencias Humanas de la Unión Soviética, otras del empirismo sin máscaras, que no aceptaban las consideraciones teóricas y que se limitaban a estudiar las “conductas”. Muchos por supuesto reconocen que lo único a lo que tenemos acceso es al lenguaje hablado, a las manifestaciones, a lo que de Saussure llama “Habla”. Para estos estudiosos la “Lengua” saussureana no es más que una construcción, sin asidero material observable. Este ha sido el punto que han esgrimido muchos. Martinet, el de los textos que acabo de leer, expresa de alguna manera ese pensamiento, lo único concreto que tenemos y del que podemos hablar es el “Habla”.

Nada es más ingrato para un aprendiz en una ciencia que tener intuiciones sin poseer los conocimientos necesarios para poder fundamentarlas. Esto fue lo que me ocurrió. Pues las oposiciones que señala de Saussure en su “Curso”, a pesar de todas las deficiencias de no ser totalmente un libro suyo, que no fue redactado de manera expresa, esas oposiciones no me parecían ser simple “aporías” como exponía Coseriu, sino que verdaderas contradicciones dialécticas, que “Lengua” y “Habla” formaban una unidad indivisible. Pero entonces la dialéctica materialista que se practicaba en la URSS no me permitía mucho avanzar, era más bien algo anti-dialéctico, era un esqueleto petrificado que no podía reflejar el movimiento que se realiza en el funcionamiento del lenguaje. Cuando en el “Círculo” abordé este tema, todos se iban hacia el empirismo “dialéctico” que reinaba en la URSS. Ese materialismo se mezclaba más con el pragmatismo que con Hegel o Marx.

Pero la cosa se me complicaba más porque la dialéctica en sí no era trabajada en los textos que entonces nos servían de referencia. Los ejemplitos estalinianos seguían vigentes, el agua que hierve y los famosos saltos (de rana) que se dan en la naturaleza y en la sociedad. Esto llegó hasta el colmo en El Salvador con los tantos “saltos cualitativos” que se producían en el proceso revolucionario. La simple adhesión a un partido era ya un salto cualitativo… Ponerse de acuerdo con la dirección también era un “salto cualitativo” y la creación de alianzas y nuevos organizaciones eran “saltones” dialécticos.

Hubo un texto que me llamó mucho la atención, pero que en el ambiente de entonces, citarlo era cometer una herejía, estudiarlo un crimen de lesa línea oficial, me refiero a un folleto de Mao que se llama “De la contradicción”. No obstante no tenía entonces la formación necesaria para darme totalmente cuenta que Mao innovaba en algo, que señalaba algo fundamental, algo que no se había claramente teorizado hasta entonces. Se trata de la “contradicción no-antagónica”. Por lo general aprendíamos a usar, más bien a mentar, la contradicción antagónica entre la burguesía y el proletariado, cuya resolución es la superación de uno de los contrarios, la desaparición de la burguesía con el advenimiento de una sociedad sin clases. La contradicción “no-antagónica” de Mao funcionaba en el “seno del pueblo”. Mao casi no teoriza, sino que da muchos ejemplos, que justificaban las alianzas durante la guerra de liberación, etc. Pero esas contradicciones “no-antagónicas” volvían a ser antagónicas una vez las condiciones sociales que habían permitido el funcionamiento de la “contradicción no-antagónica” habían desaparecido.

Como se puede ver no hay en Mao una verdadera conceptualización de esta contradicción y más bien provoca mayor confusión teórica, pues echa por el suelo lo que se puede saber de la esencia de ambas contradicciones, pues si tan fácilmente se puede pasar de una a otra, ninguna posee su propia identidad esencial. Es decir para Mao la distinción no es categorial, es circunstancial. Esto que estoy diciendo aquí, lo sé hoy, en aquellos años del “Círculo” de la Lumumba eran apenas vislumbres nebulosos.

Pero si queremos aplicar la dialéctica al conocimiento en lingüística debemos usar el concepto de “contradicción no-antagónica”, en la unidad de un fonema funciona en la oposición entre el “signifié” y el “signifiant” saussureanos (“significado” y “significante”), es lo que trabaja todo el mecanismo lingüístico, por consiguiente “Lengua” y “Habla” no son simplemente diferentes puntos de vista, no son dos partes separadas, una no funciona sin la otra, una no existe sin la otra, ambas son la misma cosa, constituyen una unidad, una unidad de lo concreto y lo abstracto, de lo particular y lo universal, de lo individual y de lo social. Por supuesto que aquí apenas menciono temas de estudio, es necesario que siga conversando con ustedes sobre este tema. Les pido paciencia, esto trae cola.



miércoles, 8 de febrero de 2012

Hieronymus

Al costado he puesto un enlace hacia la revista Hieronymus de la Universidad Complutense:
Hieronymus Complutensis - El mundo de la Traducción

El Instituto Cervantes ha puesto esta revista a la disposición de todas las personas que se interesan en la traducción. Espero que encuentren allí asuntos de su interés. Encontrará el enlace en la lista de "enlaces". Se los pongo aquí también: http://cvc.cervantes.es/lengua/hieronymus/

lunes, 26 de septiembre de 2011

La RAE y Planeta censura a Castellano.org

Cuando vi aquel mensaje amenazante en mi correo electrónico, pensé que el remitente sería de esas personas que emplean su tiempo en enviar mensajes-basura, un cracker o depredador, de los que se enorgullecen de sus acciones vandálicas en la red. Esta conjetura se vio fortalecida por el hecho de que el IP de donde provenía el mensaje está señalado en Wikipedia como origen de actos de vandalismo en la red: http://es.wikipedia.org/ wiki/ Usuario_ discusi%C3% B3n: 213.192.254.2.


En el mensaje se me advertía, en nombre del Grupo Planeta y de la Real Academia Española, que debería retirar los avances de la vigésima tercera edición del diccionario académico, pues estaría violando, aquí en Montevideo, no sé qué leyes civiles y penales del Reino de España. No podía concebir (ahora puedo) que la Real Academia y un grupo empresarial de la envergadura de Planeta pudieran zanjar sus conflictos sobre uso de contenidos mediante mensajes anónimos en la internet. Ni que creyeran que yo podría «competir» con ellos.


Después de intercambiar varios mensajes y llamar por teléfono a la sede del Grupo Planeta en Barcelona, pude comprobar que mi conjetura era errónea: mi interlocutor acabó identificándose como Álex Calvo, del Departamento Jurídico de dicho grupo, quien dijo actuar en «en nombre de la Real Academia Española, en adelante RAE», todo ello con «un profundo respeto hacia nuestros usuarios» y con el objeto de «procurar la continuidad de su buen nombre en el sector», según reza el mensaje inicial sin firma enviado desde la dirección electrónica acalvog@planeta.es.


La docta casa me advirtió asimismo a través de este insólito apoderado, que «queda prohibida la introducción de enlaces que faciliten el acceso directo a cualquiera de los contenidos de los sitios web de la RAE, salvo en el caso de que se utilicen los procedimientos que la entidad implemente para ello, bien sea por medio de botones integrables en el navegador o de otro tipo de recursos de software».


Según Planeta/RAE, este nuestro modesto portal estaría practicando «competencia desleal» y cometiendo «un ilícito penal de acuerdo con» leyes que rigen en el reino peninsular.


Sintiéndome intimidado por entidades tan poderosas, he retirado del portal los contenidos cuestionados, pero no puedo dejar de señalar que hace nueve años empecé a distribuir nuestro boletín La palabra del día,que hoy llega a un universo de 212.000 suscriptores gratuitos. Pues bien, hace tres años, la Real Academia decidió apropiarse del nombre del boletín y tiene su propia «palabra del día». Nunca cuestioné este procedimiento, característico de la política de ninguneo de RAE, pero es sintomático que, a partir del momento en que nuestra buena amiga Silvia Senz se lo hizo notar a la Academia Española mediante un mensaje dirigido a la cuenta en Twitter @RAEinforma, le fue bloqueada su suscripción a este servicio de la RAE en esa red social.


El papel de las instituciones académicas, sobre todo de aquellas que son financiadas en todo o en parte por el dinero de los contribuyentes, es generar y transmitir conocimientos, devolviendo a la sociedad el fruto de sus investigaciones con la máxima divulgación posible. Que las empresas privadas comercialicen material cultural para obtener ganancias no está mal, forma parte de su papel en nuestra organización social, pero las instituciones académicas no deberían involucrarse en la busca de lucro.


Habíamos pensado hasta ahora que este sería el caso de la Real Academia Española, que desde Madrid pretende dictar las normas del castellano a un universo de 450 millones de hablantes diseminados en veintidós países de cuatro continentes, trabajando en colaboración con un conjunto con otras tantas academias nacionales . Pero la RAE retacea el fruto de su trabajo por razones comerciales: su diccionario no ofrece en la web todos los servicios de su versión comercial en disco, el Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española no ofrece en la red los mismos servicios que su versión de pago en DVD, y no permite la divulgación de sus trabajos fuera de su página web por razones comerciales.


En el siglo XXI, la Academia ha delegado en empresas privadas del Reino de España una parte de la autoridad que hace 298 años le confirió Fernando V para unificar la lengua del imperio. En efecto, es sorprendente que una compañía poderosa como el Grupo Planeta pueda presentarse en nombre de la Real Academia, presionando para impedir la divulgación en la internet de obras en cuya elaboración han participado las veintidós academias, como es el caso del Diccionario de la lengua española y pretende imponer las leyes del reino a los países hispanohablantes.

Para oír la conversación telefónica con este empleado de la editorial española, pulse aquí.

Para ver la intimación enviada por Planeta/RAE a elcastellano.org, pulse aquí.

martes, 13 de septiembre de 2011

Entrevista con Alejo Carpentier

Sigan este enlace y llegarán a la entrevista, muy interesante, tomen su tiempo para gozarla, dura apenas una hora y pico.

http://www.youtube.com/watch?v=9paj2_uWoIM&feature=player_embedded#!

Entrevista con Alejo Carpentier

http://www.youtube.com/watch?v=9paj2_uWoIM

martes, 5 de abril de 2011

La noche de los Mayas de Silvestre Revueltas



Esta pieza la escuché hoy interpretada por una orquesta alemana, dirigida por un estoniano... En todo caso, la descubro hoy. Les pongo aquí la primera parte. Es otra versión, por supuesto.

lunes, 28 de marzo de 2011

Cerebro, la escritura y la VI Tesis

La revista francesa de divulgación científica, La Recherche, en su número de febrero de este año, publicó algunos artículos bajo la engañosa rúbrica general “Cómo aprende el cerebro”. Voy a detenerme solamente en un aspecto de la serie: el reciclaje neuronal con la aparición de la escritura y el aprendizaje de la lectura. En el artículo del periodista Jacques Abadie, se describe detalladamente los resultados de investigaciones en laboratorios franceses y portugueses. Estas investigaciones han revelado que al ver una palabra escrita se activa el conjunto de áreas cerebrales del lenguaje oral e inversamente al oír una palabra (frase) se activa la zona que codifica su forma escrita, en las personas que saben leer. Esta última observación es importante, pues concierne el segundo aspecto de los descubrimientos relatados en el artículo.


En efecto, los estudios internacionales dirigidos por Stanislas Dehaene del Collège de France, han revelado con la ayuda de imágenes por resonancia magnética funcional (IRMf), que el aprendizaje de la lectura modifica considerablemente la organización de nuestro cerebro. En las personas alfabetizadas, las áreas de la vista y del lenguaje son más extensas y se activan más fuertemente cuando se les muestra una palabra escrita. Otro aspecto revelado por las investigaciones es el hecho sorprendente de que la zona que se encarga de la escritura, en los analfabetas se usa para la representación de los rostros. Estos trabajos son muy recientes, los últimos resultados fueron publicados en enero de 2011 y vienen a reforzar la nueva teoría: la adquisición de la lectura es posible gracias a una vasta restructuración cerebral, que termina en la especialización de una zona en el tratamiento de la escritura (el lenguaje escrito).


El punto de partida


En el artículo, Jacques Abadie nos relata la aparición de la hipótesis a finales del siglo XIX. En el año de 1887, el neurólogo francés Joseph-Jules Déjerine atendió en su gabinete a un paciente que sufría un mal muy extraño, éste ya no lograba leer, aunque continuaba reconociendo con facilidad objetos, caras y cifras. Cinco años después el paciente falleció de un accidente neurovascular. Al proceder a la autopsia, Déjerine observó lesiones antiguas en la parte posterior del hemisferio izquierdo, precisamente en el lóbulo temporal, región indispensable en el tratamiento de estímulos visuales. Déjerine supuso que estas lesiones explicaban la “ceguera verbal” del paciente y que la zona deteriorada era también indispensable para la lectura.


Como todas las hipótesis esta tampoco fue unánimamente aceptada, pero desde entonces se iniciaron diversas investigaciones. Desde aquella época se ha bautizado a esta zona especializada en la lectura: “área de la forma visual de las palabras”. Gracias a las neuroimágenes obtenidas por resonancia magnética en estos últimos veinte años se ha llegado a confirmar la hipótesis de Déjerine, muchos laboratorios han estudiado con IRMf los cerebros de pacientes que padecen de ceguera verbal. Al sobreponer las imágenes de las lesiones observadas de este tipo de pacientes, los neurólogos han logrado delimitar un área que parece necesaria a la decodificación de la escritura.


En 2006 un estudio llevado a cabo en uno de los más grandes hospitales de París, Pitié-Salpêtrière, y dirigido por Laurent Cohen, vino a confirmar aún más esta hipótesis. Un grupo de neurólogos se interesó sobre el caso de una persona que sufría de epilepsia, cuyas crisis provenían de esa área. Le aplicaron electrodos para determinar y delimitar la zona a operar y curarlo de las crisis de epilépsia. Entre las pruebas preliminares le hicieron un test de lectura, el paciente sabía leer a perfección y el área de la forma visual de las palabras se activaba normalmente. Sin embargo luego de la ablación de esta parte, el paciente no lograba reconocer simultáneamente todas las letras de una palabra. Estaba obligado a decifrarlas una a una. No obstante lograba reconocer otros objetos.



Un desconocimiento de la lingüística



Si bien es cierto que la discusión sobre la existencia de un área destinada a la lectura no está clausurada definitivamente, surge paralelamente otra cuestión: ¿esta zona está predestinada desde nuestro nacimiento para la lectura?


Al plantear esta cuestión el periodista prosigue con una reflexión sorprendente, textualmente dice: “Hasta los años 1980, se consideraba el lenguaje como un fenómeno (donnée) biológico, una competencia natural del hombre. Parecería lógico que los circuitos neuronales que sostienen el tratamiento visual de las palabras sean de alguna manera precableados, incluso si la lectura necesita un aprendizaje”. Esta aserción no solo me sorprende, sino que también me consterna. El carácter social del lenguaje no tiene discusión desde antes de Ferdinand de Saussure, pero basta con las pruebas racionales que avanza el suizo para dar como establecido lo absurdo que significa pensar que el lenguaje pudiera ser un fenómeno biológico. Creo que esta afirmación consternante es el fruto de un conocimiento sobre el lenguaje de oídas y una lectura transversal de los trabajos de Chomsky. Por otro lado respecto al lenguaje no sólo hay aprendizaje, sino que también apropiación. He tratado de esto en mi artículo: “Lenguaje: producto y condición de la sociedad”.


Pero lo que sorprende aún más es la forma de la cuestión planteada por el periodista, puesto que el desarrollo de su artículo y la descripción que hace de las investigaciones no da lugar a tal planteamiento. Inmediatamente corrije y dice que gracias a los adelantos en las imágenes por resonancia magnéticas esta visión ha cambiado a finales de los años noventa. A partir de esta fecha es posible comparar la actividad cerebral de los que saben leer con la de los analfabetas.


El artículo de La Recherche nos indica que en 1998 un equipo dirigido por Alexandre Castro-Caldas del centro de estudios Egas Moniz de Lisboa, realizó una experiencia con personas que saben leer y con personas que no saben. Estas personas debían repetir en voz alta palabras realmente existentes y luego “pseudopalabras”, es decir palabras inventadas. Al mismo tiempo sus cerebros eran analizados por medio de tomografías por la emisión de positrones. El resultado fue que los analfabetas no activaron las mismas estructuras cerebrales que los que saben leer. Esta fue una de las primeras pruebas que el aprendizaje de la lectura modificaba la estructuración general de las áreas del lenguaje.


En este momento llego a la parte del artículo que más me interesa subrayar y que me lleva a una reflexión que compartiré brevemente al final.


Una nueva teoría


Stanilas Dehaene, con su equipo de la unidad de neuroimagenes cognitivas del Inserm (Instituto Nacional de la Salud y de la investigación médica), ha supuesto que esta modificación estaba influenciada por el establecimiento de circuitos neuronales para decodar las palabras. Por consiguiente estos circuitos no están presentes desde el nacimiento, sino que se forman durante el aprendizaje. “Esta idea concuerda con el hecho de que la lectura apareció demaciado recientemente en la historia de la humanidad para haber pesado sobre nuestra evolución genética, explica José Morais, de la Universidad Libre de Bruselas. Las primeras huellas de la escritura, descubiertas en Mesopotamia, datan de unos 5 400 años. En una escala de tiempo tan corta, el cerebro humano no ha tenido el tiempo suficiente para adaptarse y desarrollar una estructura especializada para la lectura”.


Jacques Abadie en su artículo de La Recherche nos explica que Stanislas Dehaene y Laurent Cohen han propuesto en 2007 una teoría nueva sobre las bases cerebrales de la lectura, la delreciclaje neuronal. Esta nueva teoría afirma que las redes neuronales que decodifican las palabras escritas asumen otra función antes de que nosotros aprendamos a leer, es decir que se reciclan. Esta hipótesis reposa en la idea que el cerebro puede reconfigurarse en función de experiencias y de los aprendizajes que nosotros realizamos.


El artículo sigue describiendo otras experiencias, que no cambian lo expuesto hasta aquí. Por lo tanto interrumpo este extenso resumen del artículo de Jacques Abadie publicado en el número de febrero de 2011 de La Recherche.


La VI tesis de Marx sobre Feuerbach



Aunque a algunas personas les pueda parecer exagerado o simplemente un despropósito, estos hechos y los planteamientos expuesto arriba, los acercó a lo que expone Karl Marx en su VI tesis sobre Feuerbach. ¿Qué dice esta tésis?


Justamente el contenido de esta tesis ha dado lugar a multiples polémicas, no puedo adentrarme en ellas sin correr el riesgo de alargar desmesuradamente un artículo para un blog. Así, voy a señalar únicamente que su contenido se ha desviado al querer resumirla en una sola oración que la vuelve falsa: “la esencia del hombre son las relaciones humanas”. Voy a dar la traducción más o menos admitida por lo general al castellano:


Feuerbach diluye la esencia religiosa en la esencia humana. Pero la esencia humana no es una abstracción inherente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de las relaciones sociales.


Feuerbach, que no se ocupa de la crítica de esta esencia real, se ve, por tanto, obligado:


1) A hacer caso omiso de la trayectoria histórica, enfocando de por sí el sentimiento religioso y presuponiendo un individuo humano abstracto, aislado.


2) En él, la esencia humana sólo puede concebirse como “género”, como una generalidad interna, muda, que se limita a unir naturalmente los muchos individuos”.


El acercamiento que opero entre las investigaciones arriba mencionadas y esta sexta tesis de Marx tal vez no salte a la vista de manera evidente. Voy pues a tratar de explicarme. Esta tesis es una crítica no solamente a la concepción de Feuerbach, sino que a una manera de pensar que dura hasta ahora y que consiste en eregir como objeto de pensamiento un abstracción, como por ejemplo “el hombre” y se busca determinar, enumerar todo lo que le es propio, los propios. Se toma al “hombre” en tanto que “genero” para oponerlo al “animal” y se toman por ejemplo como sus “propios” de las deficiones del pensamiento del entendimiento, tal cual los define en su Organon Aristóteles. De esta manera se señala su posición vertical, la oposición del pulgar al resto de los dedos, su capacidad cerebral, etc. En los últimos tiempos en que la génetica ocupa un lugar de vanguardia en los estudios biológicos, se trata determinar la esencialidad del “hombre” a través de las determinacion genéticas, los genes. En las llamadas ciencias humanas o sociales, también se define al “hombre” y por lo general se hace una generalización, que se refiere al homo eoconomicus, que acaba siendo una serie de caractéristicas psicológicas de los burgueses en tanto que patrones capitalistas.


En La Ideología Alemana, Karl Marx reafirma su posición de esta manera: “La «concepción» feuerbachiana del mundo sensorial se limita, de una parte, a su mera contemplación y, de otra parte, a la mera sensación: dice «el hombre» en vez de los «hombres históricos reales». En esta frase podemos darnos cuenta, si tratamos de penetrar su significación, de la profunda revolución en el pensamiento que realiza Marx. Pues la fantasía “el hombre” nos obliga a excluir la historia de la realidad, a no ver “que el mundo sensorial que le rodea no es algo directamente dado desde toda una eternidad y constantemente igual a sí mismo, sino el producto de la industria y del estado social, en sentido en que es un producto histórico, el resultado de la actividad de toda una serie de generaciones, cada una de las cuales se encarama sobre los hombros de la anterior, sigue desarrollando su industria y su intercambio y modifica su organización social con arreglo a las nuevas necesidades. Hasta los objetos de la «certeza sensorial» más simple le vienen dados solamente por el desarrollo social, la industria y el intercambio comercial. Así es sabido que el cerezo, como casi todos los árboles frutales, fue transplantado a nuestra zona hace pocos siglos por obra del comercio y, por medio de esta acción de una determinada sociedad y de una determinada época, fue entregado a la «certeza sensorial» de Feuerbach”.


Si volvemos ahora a la escritura, nos daremos cuenta que esta existe también históricamente, socialmente. Exite en nuestras sociedades para algunos hombres y es inexistente para otros y que esta existencia o inexistencia tiene repercuciones incluso en los flujos neuronales, en algunos hombres las áreas de la “visión verbal” “son más extensas y se activan más fuertemente” que en otros, que esta extensión y esta mayor activación es el producto del aprendizaje, de la apropiación de la escritura. Es decir que aquí estamos en presencia de una determinación que viene de afuera hacia adentro, viene de una relación social, pues el aprendizaje es obligatoriamente una acción que se desarrolla entre los hombres.


Nuestro cerebro es capaz de reestructurarse, posee una elasticidad, pero esta se pone en marcha “en función de experiencias y de los aprendizajes que nosotros realizamos”. El desarrollo individual depende de las relaciones humanas que la sociedad en la que vive le permita, le ofrezca.

 
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