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sábado, 12 de mayo de 2012

Son de negros en Cuba


De Federico García Lorca

Cuando llegue la luna llena iré a Santiago de Cuba.
Iré a Santiago
en un coche de agua negra.
Iré a Santiago.
Cantarán los techos de palmera.
Iré a Santiago.
Cuando la palma quiere ser cigüeña,
iré a Santiago.
Y cuando quiere ser medusa el plátano,
iré a Santiago.
Iré a Santiago
con la rubia cabeza de Fonseca.
Iré a Santiago.
Y con el rostro de Romeo y Julieta
iré a Santiago.
¡Oh Cuba! ¡Oh ritmo de semillas secas!
Iré a Santiago.
¡Oh cintura caliente y gota de madera!
Iré a Santiago.
Arpa de troncos vivos. Caimán. Flor de tabaco.
Iré a Santiago.
Siempre he dicho que yo iría a Santiago
en un coche de agua negra.
Iré a Santiago.
Brisa y alcohol en las ruedas,
iré a Santiago.
El mar ahogado en la arena,
iré a Santiago.
Color blanco. Fruta muerta.
Iré a Santiago.
¡Oh bovino frescor de cañaverales!
¡Oh Cuba! ¡Oh curva de suspiro y barro!
Iré a Santiago.


jueves, 3 de mayo de 2012

Lecturas y recuerdos (lingüísticos)


En estos días he vuelto a mis lecturas lingüísticas, he leído viejos artículos y conferencias de André Martinet, algunos de Emile Benveniste,  he vuelto a hojear a de Saussure, me he enfrascado en algunos textos de autores rusos que tratan del aspecto, la temporalidad y la modalidad. Los textos de Martinet me retrotrajeron a mis años universitarios en los que descubrí que muchas cosas se aprenden discutiéndolas con los amigos. No recuerdo exactamente de quién fue la idea, pero un grupo de alumnos de la Facultad de Filología (Departamento de Lingüística General) decidimos crear un “Círculo”, tal vez soñando que alguna vez imitaríamos al famoso Círculo de Praga de inicios del siglo pasado. Dos profesores nos alentaron mucho al principio, mi profesor principal Dimitri Evguenievich Mijalchí y el docente Yuri Veniaminovich Vannikof. Sus intereses y personalidades eran complementarias y no dejo de señalar que eran heterogéneas, la primera basada en toda la historia de los inicios de nuestra ciencia y el otro apasionado en todo lo nuevo que llegaba del extranjero, gran experimentador de métodos. Pues en ese “Círculo” discutíamos mucho. La manera de proceder era la siguiente, uno de nosotros preparaba una ponencia, corta, de diez a quince minutos y luego nos poníamos a desmenuzarla. Nos reuníamos dos veces al mes, lo hicimos durante dos años. Esto terminó cuando algunos miembros tuvieron que empezar a escribir sus tesis de fin de carrera.

André Martinet me recuerda esas reuniones pues tanto los temas, como el enfoque suyo en mucho se asemejan al que practicaban nuestros profesores moscovitas y que nosotros asumíamos y, creo, seguimos asumiendo hoy. Aunque hay un punto fundamental que nos separaba a muchos y es que no lográbamos ponernos de acuerdo sobre la famosa división del maestro ginebrino de Saussure, Lengua y Habla. Pienso que en toda la lingüística europea sigue siendo un problema teórico que no se ha dilucidado hasta el final. La formulación que encontramos en el famoso y fundador “Curso de Lingüística General” no es muy precisa, no adquiere allí un aspecto acabado, viene mezclada con otros temas que tampoco fueron expuestos allí con el rigor que tal vez tuvo en su cabeza el maestro, pero que no se plasmó en los apuntes de sus alumnos, ni encontró reflejo en el famoso “Curso”  que fue redactado por Charles Bally y Albert Sechehaye a partir de dichos apuntes.

Este fue uno de nuestros temas más enconados. Muchos afirmaban que se trataba simplemente de una división metodológica, una especie de punto de vista a partir del cual se abordaba la investigación. Otros sostenían que en realidad esa división tocaba más de fondo a la esencia misma del objeto lingüístico: el lenguaje humano. No obstante pocos encontraban la forma de exponer la teoría de manera totalmente satisfactoria. Nos llegó durante esos años unos escritos, que ya tenían su tiempo de circular en Uruguay, de Eugenio Coseriu. El asumía la división, pero le agregaba un tercer término, la norma. En su “Sistema, norma y habla” procede a una crítica aguda y por momentos convincente de la fallas en la exposición que encontramos en el “Curso”. Pero Coseriu ve en algunos momentos señalados de esta dualidad simplemente “aporías”, sin ir más allá en su análisis. A veces encontramos en ese escrito la palabra “dialéctica”, pero no llega más lejos que a simples señalamientos. Como sea, la teoría de Coseriu se impuso en nuestro “Círculo” y en nuestra facultad. Su influencia en la lingüística soviética fue más reducida, la traducción de su obra llegó  demasiado tarde, cuando ya el dogmatismo brezhneviano comenzaba a hacer sus estragos.

La oposición a la bipartición saussureana también era filosófica: los ataques venían del empirismo disfrazado en materialismo “dialéctico” de algunas eminencias de la Academia de Ciencias Humanas de la Unión Soviética, otras del empirismo sin máscaras, que no aceptaban las consideraciones teóricas y que se limitaban a estudiar las “conductas”. Muchos por supuesto reconocen que lo único a lo que tenemos acceso es al lenguaje hablado, a las manifestaciones, a lo que de Saussure llama “Habla”. Para estos estudiosos la “Lengua” saussureana no es más que una construcción, sin asidero material observable. Este ha sido el punto que han esgrimido muchos. Martinet, el de los textos que acabo de leer, expresa de alguna manera ese pensamiento, lo único concreto que tenemos y del que podemos hablar es el “Habla”.

Nada es más ingrato para un aprendiz en una ciencia que tener intuiciones sin poseer los conocimientos necesarios para poder fundamentarlas. Esto fue lo que me ocurrió. Pues las oposiciones que señala de Saussure en su “Curso”, a pesar de todas las deficiencias de no ser totalmente un libro suyo, que no fue redactado de manera expresa, esas oposiciones no me parecían ser simple “aporías” como exponía Coseriu, sino que verdaderas contradicciones dialécticas, que “Lengua” y “Habla” formaban una unidad indivisible. Pero entonces la dialéctica materialista que se practicaba en la URSS no me permitía mucho avanzar, era más bien algo anti-dialéctico, era un esqueleto petrificado que no podía reflejar el movimiento que se realiza en el funcionamiento del lenguaje. Cuando en el “Círculo” abordé este tema, todos se iban hacia el empirismo “dialéctico” que reinaba en la URSS. Ese materialismo se mezclaba más con el pragmatismo que con Hegel o Marx.

Pero la cosa se me complicaba más porque la dialéctica en sí no era trabajada en los textos que entonces nos servían de referencia. Los ejemplitos estalinianos seguían vigentes, el agua que hierve y los famosos saltos (de rana) que se dan en la naturaleza y en la sociedad. Esto llegó hasta el colmo en El Salvador con los tantos “saltos cualitativos” que se producían en el proceso revolucionario. La simple adhesión a un partido era ya un salto cualitativo… Ponerse de acuerdo con la dirección también era un “salto cualitativo” y la creación de alianzas y nuevos organizaciones eran “saltones” dialécticos.

Hubo un texto que me llamó mucho la atención, pero que en el ambiente de entonces, citarlo era cometer una herejía, estudiarlo un crimen de lesa línea oficial, me refiero a un folleto de Mao que se llama “De la contradicción”. No obstante no tenía entonces la formación necesaria para darme totalmente cuenta que Mao innovaba en algo, que señalaba algo fundamental, algo que no se había claramente teorizado hasta entonces. Se trata de la “contradicción no-antagónica”. Por lo general aprendíamos a usar, más bien a mentar, la contradicción antagónica entre la burguesía y el proletariado, cuya resolución es la superación de uno de los contrarios, la desaparición de la burguesía con el advenimiento de una sociedad sin clases. La contradicción “no-antagónica” de Mao funcionaba en el “seno del pueblo”. Mao casi no teoriza, sino que da muchos ejemplos, que justificaban las alianzas durante la guerra de liberación, etc. Pero esas contradicciones “no-antagónicas” volvían a ser antagónicas una vez las condiciones sociales que habían permitido el funcionamiento de la “contradicción no-antagónica” habían desaparecido.

Como se puede ver no hay en Mao una verdadera conceptualización de esta contradicción y más bien provoca mayor confusión teórica, pues echa por el suelo lo que se puede saber de la esencia de ambas contradicciones, pues si tan fácilmente se puede pasar de una a otra, ninguna posee su propia identidad esencial. Es decir para Mao la distinción no es categorial, es circunstancial. Esto que estoy diciendo aquí, lo sé hoy, en aquellos años del “Círculo” de la Lumumba eran apenas vislumbres nebulosos.

Pero si queremos aplicar la dialéctica al conocimiento en lingüística debemos usar el concepto de “contradicción no-antagónica”, en la unidad de un fonema funciona en la oposición entre el “signifié” y el “signifiant” saussureanos (“significado” y “significante”), es lo que trabaja todo el mecanismo lingüístico, por consiguiente “Lengua” y “Habla” no son simplemente diferentes puntos de vista, no son dos partes separadas, una no funciona sin la otra, una no existe sin la otra, ambas son la misma cosa, constituyen una unidad, una unidad de lo concreto y lo abstracto, de lo particular y lo universal, de lo individual y de lo social. Por supuesto que aquí apenas menciono temas de estudio, es necesario que siga conversando con ustedes sobre este tema. Les pido paciencia, esto trae cola.



miércoles, 8 de febrero de 2012

Hieronymus

Al costado he puesto un enlace hacia la revista Hieronymus de la Universidad Complutense:
Hieronymus Complutensis - El mundo de la Traducción

El Instituto Cervantes ha puesto esta revista a la disposición de todas las personas que se interesan en la traducción. Espero que encuentren allí asuntos de su interés. Encontrará el enlace en la lista de "enlaces". Se los pongo aquí también: http://cvc.cervantes.es/lengua/hieronymus/

lunes, 26 de septiembre de 2011

La RAE y Planeta censura a Castellano.org

Cuando vi aquel mensaje amenazante en mi correo electrónico, pensé que el remitente sería de esas personas que emplean su tiempo en enviar mensajes-basura, un cracker o depredador, de los que se enorgullecen de sus acciones vandálicas en la red. Esta conjetura se vio fortalecida por el hecho de que el IP de donde provenía el mensaje está señalado en Wikipedia como origen de actos de vandalismo en la red: http://es.wikipedia.org/ wiki/ Usuario_ discusi%C3% B3n: 213.192.254.2.


En el mensaje se me advertía, en nombre del Grupo Planeta y de la Real Academia Española, que debería retirar los avances de la vigésima tercera edición del diccionario académico, pues estaría violando, aquí en Montevideo, no sé qué leyes civiles y penales del Reino de España. No podía concebir (ahora puedo) que la Real Academia y un grupo empresarial de la envergadura de Planeta pudieran zanjar sus conflictos sobre uso de contenidos mediante mensajes anónimos en la internet. Ni que creyeran que yo podría «competir» con ellos.


Después de intercambiar varios mensajes y llamar por teléfono a la sede del Grupo Planeta en Barcelona, pude comprobar que mi conjetura era errónea: mi interlocutor acabó identificándose como Álex Calvo, del Departamento Jurídico de dicho grupo, quien dijo actuar en «en nombre de la Real Academia Española, en adelante RAE», todo ello con «un profundo respeto hacia nuestros usuarios» y con el objeto de «procurar la continuidad de su buen nombre en el sector», según reza el mensaje inicial sin firma enviado desde la dirección electrónica acalvog@planeta.es.


La docta casa me advirtió asimismo a través de este insólito apoderado, que «queda prohibida la introducción de enlaces que faciliten el acceso directo a cualquiera de los contenidos de los sitios web de la RAE, salvo en el caso de que se utilicen los procedimientos que la entidad implemente para ello, bien sea por medio de botones integrables en el navegador o de otro tipo de recursos de software».


Según Planeta/RAE, este nuestro modesto portal estaría practicando «competencia desleal» y cometiendo «un ilícito penal de acuerdo con» leyes que rigen en el reino peninsular.


Sintiéndome intimidado por entidades tan poderosas, he retirado del portal los contenidos cuestionados, pero no puedo dejar de señalar que hace nueve años empecé a distribuir nuestro boletín La palabra del día,que hoy llega a un universo de 212.000 suscriptores gratuitos. Pues bien, hace tres años, la Real Academia decidió apropiarse del nombre del boletín y tiene su propia «palabra del día». Nunca cuestioné este procedimiento, característico de la política de ninguneo de RAE, pero es sintomático que, a partir del momento en que nuestra buena amiga Silvia Senz se lo hizo notar a la Academia Española mediante un mensaje dirigido a la cuenta en Twitter @RAEinforma, le fue bloqueada su suscripción a este servicio de la RAE en esa red social.


El papel de las instituciones académicas, sobre todo de aquellas que son financiadas en todo o en parte por el dinero de los contribuyentes, es generar y transmitir conocimientos, devolviendo a la sociedad el fruto de sus investigaciones con la máxima divulgación posible. Que las empresas privadas comercialicen material cultural para obtener ganancias no está mal, forma parte de su papel en nuestra organización social, pero las instituciones académicas no deberían involucrarse en la busca de lucro.


Habíamos pensado hasta ahora que este sería el caso de la Real Academia Española, que desde Madrid pretende dictar las normas del castellano a un universo de 450 millones de hablantes diseminados en veintidós países de cuatro continentes, trabajando en colaboración con un conjunto con otras tantas academias nacionales . Pero la RAE retacea el fruto de su trabajo por razones comerciales: su diccionario no ofrece en la web todos los servicios de su versión comercial en disco, el Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española no ofrece en la red los mismos servicios que su versión de pago en DVD, y no permite la divulgación de sus trabajos fuera de su página web por razones comerciales.


En el siglo XXI, la Academia ha delegado en empresas privadas del Reino de España una parte de la autoridad que hace 298 años le confirió Fernando V para unificar la lengua del imperio. En efecto, es sorprendente que una compañía poderosa como el Grupo Planeta pueda presentarse en nombre de la Real Academia, presionando para impedir la divulgación en la internet de obras en cuya elaboración han participado las veintidós academias, como es el caso del Diccionario de la lengua española y pretende imponer las leyes del reino a los países hispanohablantes.

Para oír la conversación telefónica con este empleado de la editorial española, pulse aquí.

Para ver la intimación enviada por Planeta/RAE a elcastellano.org, pulse aquí.

martes, 13 de septiembre de 2011

Entrevista con Alejo Carpentier

Sigan este enlace y llegarán a la entrevista, muy interesante, tomen su tiempo para gozarla, dura apenas una hora y pico.

http://www.youtube.com/watch?v=9paj2_uWoIM&feature=player_embedded#!

Entrevista con Alejo Carpentier

http://www.youtube.com/watch?v=9paj2_uWoIM

martes, 5 de abril de 2011

La noche de los Mayas de Silvestre Revueltas



Esta pieza la escuché hoy interpretada por una orquesta alemana, dirigida por un estoniano... En todo caso, la descubro hoy. Les pongo aquí la primera parte. Es otra versión, por supuesto.

lunes, 28 de marzo de 2011

Cerebro, la escritura y la VI Tesis

La revista francesa de divulgación científica, La Recherche, en su número de febrero de este año, publicó algunos artículos bajo la engañosa rúbrica general “Cómo aprende el cerebro”. Voy a detenerme solamente en un aspecto de la serie: el reciclaje neuronal con la aparición de la escritura y el aprendizaje de la lectura. En el artículo del periodista Jacques Abadie, se describe detalladamente los resultados de investigaciones en laboratorios franceses y portugueses. Estas investigaciones han revelado que al ver una palabra escrita se activa el conjunto de áreas cerebrales del lenguaje oral e inversamente al oír una palabra (frase) se activa la zona que codifica su forma escrita, en las personas que saben leer. Esta última observación es importante, pues concierne el segundo aspecto de los descubrimientos relatados en el artículo.


En efecto, los estudios internacionales dirigidos por Stanislas Dehaene del Collège de France, han revelado con la ayuda de imágenes por resonancia magnética funcional (IRMf), que el aprendizaje de la lectura modifica considerablemente la organización de nuestro cerebro. En las personas alfabetizadas, las áreas de la vista y del lenguaje son más extensas y se activan más fuertemente cuando se les muestra una palabra escrita. Otro aspecto revelado por las investigaciones es el hecho sorprendente de que la zona que se encarga de la escritura, en los analfabetas se usa para la representación de los rostros. Estos trabajos son muy recientes, los últimos resultados fueron publicados en enero de 2011 y vienen a reforzar la nueva teoría: la adquisición de la lectura es posible gracias a una vasta restructuración cerebral, que termina en la especialización de una zona en el tratamiento de la escritura (el lenguaje escrito).


El punto de partida


En el artículo, Jacques Abadie nos relata la aparición de la hipótesis a finales del siglo XIX. En el año de 1887, el neurólogo francés Joseph-Jules Déjerine atendió en su gabinete a un paciente que sufría un mal muy extraño, éste ya no lograba leer, aunque continuaba reconociendo con facilidad objetos, caras y cifras. Cinco años después el paciente falleció de un accidente neurovascular. Al proceder a la autopsia, Déjerine observó lesiones antiguas en la parte posterior del hemisferio izquierdo, precisamente en el lóbulo temporal, región indispensable en el tratamiento de estímulos visuales. Déjerine supuso que estas lesiones explicaban la “ceguera verbal” del paciente y que la zona deteriorada era también indispensable para la lectura.


Como todas las hipótesis esta tampoco fue unánimamente aceptada, pero desde entonces se iniciaron diversas investigaciones. Desde aquella época se ha bautizado a esta zona especializada en la lectura: “área de la forma visual de las palabras”. Gracias a las neuroimágenes obtenidas por resonancia magnética en estos últimos veinte años se ha llegado a confirmar la hipótesis de Déjerine, muchos laboratorios han estudiado con IRMf los cerebros de pacientes que padecen de ceguera verbal. Al sobreponer las imágenes de las lesiones observadas de este tipo de pacientes, los neurólogos han logrado delimitar un área que parece necesaria a la decodificación de la escritura.


En 2006 un estudio llevado a cabo en uno de los más grandes hospitales de París, Pitié-Salpêtrière, y dirigido por Laurent Cohen, vino a confirmar aún más esta hipótesis. Un grupo de neurólogos se interesó sobre el caso de una persona que sufría de epilepsia, cuyas crisis provenían de esa área. Le aplicaron electrodos para determinar y delimitar la zona a operar y curarlo de las crisis de epilépsia. Entre las pruebas preliminares le hicieron un test de lectura, el paciente sabía leer a perfección y el área de la forma visual de las palabras se activaba normalmente. Sin embargo luego de la ablación de esta parte, el paciente no lograba reconocer simultáneamente todas las letras de una palabra. Estaba obligado a decifrarlas una a una. No obstante lograba reconocer otros objetos.



Un desconocimiento de la lingüística



Si bien es cierto que la discusión sobre la existencia de un área destinada a la lectura no está clausurada definitivamente, surge paralelamente otra cuestión: ¿esta zona está predestinada desde nuestro nacimiento para la lectura?


Al plantear esta cuestión el periodista prosigue con una reflexión sorprendente, textualmente dice: “Hasta los años 1980, se consideraba el lenguaje como un fenómeno (donnée) biológico, una competencia natural del hombre. Parecería lógico que los circuitos neuronales que sostienen el tratamiento visual de las palabras sean de alguna manera precableados, incluso si la lectura necesita un aprendizaje”. Esta aserción no solo me sorprende, sino que también me consterna. El carácter social del lenguaje no tiene discusión desde antes de Ferdinand de Saussure, pero basta con las pruebas racionales que avanza el suizo para dar como establecido lo absurdo que significa pensar que el lenguaje pudiera ser un fenómeno biológico. Creo que esta afirmación consternante es el fruto de un conocimiento sobre el lenguaje de oídas y una lectura transversal de los trabajos de Chomsky. Por otro lado respecto al lenguaje no sólo hay aprendizaje, sino que también apropiación. He tratado de esto en mi artículo: “Lenguaje: producto y condición de la sociedad”.


Pero lo que sorprende aún más es la forma de la cuestión planteada por el periodista, puesto que el desarrollo de su artículo y la descripción que hace de las investigaciones no da lugar a tal planteamiento. Inmediatamente corrije y dice que gracias a los adelantos en las imágenes por resonancia magnéticas esta visión ha cambiado a finales de los años noventa. A partir de esta fecha es posible comparar la actividad cerebral de los que saben leer con la de los analfabetas.


El artículo de La Recherche nos indica que en 1998 un equipo dirigido por Alexandre Castro-Caldas del centro de estudios Egas Moniz de Lisboa, realizó una experiencia con personas que saben leer y con personas que no saben. Estas personas debían repetir en voz alta palabras realmente existentes y luego “pseudopalabras”, es decir palabras inventadas. Al mismo tiempo sus cerebros eran analizados por medio de tomografías por la emisión de positrones. El resultado fue que los analfabetas no activaron las mismas estructuras cerebrales que los que saben leer. Esta fue una de las primeras pruebas que el aprendizaje de la lectura modificaba la estructuración general de las áreas del lenguaje.


En este momento llego a la parte del artículo que más me interesa subrayar y que me lleva a una reflexión que compartiré brevemente al final.


Una nueva teoría


Stanilas Dehaene, con su equipo de la unidad de neuroimagenes cognitivas del Inserm (Instituto Nacional de la Salud y de la investigación médica), ha supuesto que esta modificación estaba influenciada por el establecimiento de circuitos neuronales para decodar las palabras. Por consiguiente estos circuitos no están presentes desde el nacimiento, sino que se forman durante el aprendizaje. “Esta idea concuerda con el hecho de que la lectura apareció demaciado recientemente en la historia de la humanidad para haber pesado sobre nuestra evolución genética, explica José Morais, de la Universidad Libre de Bruselas. Las primeras huellas de la escritura, descubiertas en Mesopotamia, datan de unos 5 400 años. En una escala de tiempo tan corta, el cerebro humano no ha tenido el tiempo suficiente para adaptarse y desarrollar una estructura especializada para la lectura”.


Jacques Abadie en su artículo de La Recherche nos explica que Stanislas Dehaene y Laurent Cohen han propuesto en 2007 una teoría nueva sobre las bases cerebrales de la lectura, la delreciclaje neuronal. Esta nueva teoría afirma que las redes neuronales que decodifican las palabras escritas asumen otra función antes de que nosotros aprendamos a leer, es decir que se reciclan. Esta hipótesis reposa en la idea que el cerebro puede reconfigurarse en función de experiencias y de los aprendizajes que nosotros realizamos.


El artículo sigue describiendo otras experiencias, que no cambian lo expuesto hasta aquí. Por lo tanto interrumpo este extenso resumen del artículo de Jacques Abadie publicado en el número de febrero de 2011 de La Recherche.


La VI tesis de Marx sobre Feuerbach



Aunque a algunas personas les pueda parecer exagerado o simplemente un despropósito, estos hechos y los planteamientos expuesto arriba, los acercó a lo que expone Karl Marx en su VI tesis sobre Feuerbach. ¿Qué dice esta tésis?


Justamente el contenido de esta tesis ha dado lugar a multiples polémicas, no puedo adentrarme en ellas sin correr el riesgo de alargar desmesuradamente un artículo para un blog. Así, voy a señalar únicamente que su contenido se ha desviado al querer resumirla en una sola oración que la vuelve falsa: “la esencia del hombre son las relaciones humanas”. Voy a dar la traducción más o menos admitida por lo general al castellano:


Feuerbach diluye la esencia religiosa en la esencia humana. Pero la esencia humana no es una abstracción inherente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de las relaciones sociales.


Feuerbach, que no se ocupa de la crítica de esta esencia real, se ve, por tanto, obligado:


1) A hacer caso omiso de la trayectoria histórica, enfocando de por sí el sentimiento religioso y presuponiendo un individuo humano abstracto, aislado.


2) En él, la esencia humana sólo puede concebirse como “género”, como una generalidad interna, muda, que se limita a unir naturalmente los muchos individuos”.


El acercamiento que opero entre las investigaciones arriba mencionadas y esta sexta tesis de Marx tal vez no salte a la vista de manera evidente. Voy pues a tratar de explicarme. Esta tesis es una crítica no solamente a la concepción de Feuerbach, sino que a una manera de pensar que dura hasta ahora y que consiste en eregir como objeto de pensamiento un abstracción, como por ejemplo “el hombre” y se busca determinar, enumerar todo lo que le es propio, los propios. Se toma al “hombre” en tanto que “genero” para oponerlo al “animal” y se toman por ejemplo como sus “propios” de las deficiones del pensamiento del entendimiento, tal cual los define en su Organon Aristóteles. De esta manera se señala su posición vertical, la oposición del pulgar al resto de los dedos, su capacidad cerebral, etc. En los últimos tiempos en que la génetica ocupa un lugar de vanguardia en los estudios biológicos, se trata determinar la esencialidad del “hombre” a través de las determinacion genéticas, los genes. En las llamadas ciencias humanas o sociales, también se define al “hombre” y por lo general se hace una generalización, que se refiere al homo eoconomicus, que acaba siendo una serie de caractéristicas psicológicas de los burgueses en tanto que patrones capitalistas.


En La Ideología Alemana, Karl Marx reafirma su posición de esta manera: “La «concepción» feuerbachiana del mundo sensorial se limita, de una parte, a su mera contemplación y, de otra parte, a la mera sensación: dice «el hombre» en vez de los «hombres históricos reales». En esta frase podemos darnos cuenta, si tratamos de penetrar su significación, de la profunda revolución en el pensamiento que realiza Marx. Pues la fantasía “el hombre” nos obliga a excluir la historia de la realidad, a no ver “que el mundo sensorial que le rodea no es algo directamente dado desde toda una eternidad y constantemente igual a sí mismo, sino el producto de la industria y del estado social, en sentido en que es un producto histórico, el resultado de la actividad de toda una serie de generaciones, cada una de las cuales se encarama sobre los hombros de la anterior, sigue desarrollando su industria y su intercambio y modifica su organización social con arreglo a las nuevas necesidades. Hasta los objetos de la «certeza sensorial» más simple le vienen dados solamente por el desarrollo social, la industria y el intercambio comercial. Así es sabido que el cerezo, como casi todos los árboles frutales, fue transplantado a nuestra zona hace pocos siglos por obra del comercio y, por medio de esta acción de una determinada sociedad y de una determinada época, fue entregado a la «certeza sensorial» de Feuerbach”.


Si volvemos ahora a la escritura, nos daremos cuenta que esta existe también históricamente, socialmente. Exite en nuestras sociedades para algunos hombres y es inexistente para otros y que esta existencia o inexistencia tiene repercuciones incluso en los flujos neuronales, en algunos hombres las áreas de la “visión verbal” “son más extensas y se activan más fuertemente” que en otros, que esta extensión y esta mayor activación es el producto del aprendizaje, de la apropiación de la escritura. Es decir que aquí estamos en presencia de una determinación que viene de afuera hacia adentro, viene de una relación social, pues el aprendizaje es obligatoriamente una acción que se desarrolla entre los hombres.


Nuestro cerebro es capaz de reestructurarse, posee una elasticidad, pero esta se pone en marcha “en función de experiencias y de los aprendizajes que nosotros realizamos”. El desarrollo individual depende de las relaciones humanas que la sociedad en la que vive le permita, le ofrezca.

domingo, 27 de marzo de 2011

Duerme negrito



Aqui Atahualpa Yupanqui corrige un error muy difundido, la canción no es suya, es del folclor de la frontera de Colombia y Venezuela.

sábado, 19 de febrero de 2011

Milonga de Jacinto Chiclana de J. L. Borges


La voz de Borges ya es una cosa enorme.

Borges, Rivero y Piazzola

sábado, 5 de febrero de 2011



Esta es una de las canciones que nunca me abandonaron. Sonó siempre en mi cabeza. La primera y mejor interpretación que oí, fue la de mi padre.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Gramsci y fetichismo

El texto que publico aquí sobre "fetichismo" es de Antonio Gramsci.

Fetichismo.


Cómo se puede describir el fetichismo. Un organismo colectivo está constituido por individuos que lo forman en cuanto se dan y aceptan activamente una jerarquía y una dirección determinada. Si cada uno de los componentes concibe al organismo colectivo como una entidad extraña a sí mismo, es evidente que este organismo no existe más de hecho, sino que se transforma en un fantasma del intelecto, en un fetiche. Hay que estudiar si este modo de pensar, muy difundido, no es un residuo de la trascendencia católica y de los viejos regímenes paternalistas y se aplica comúnmente a una serie de organismos como el Estado, la Nación, los partidos políticos, etc. Es natural que suceda en la Iglesia, ya que, al menos en Italia, el trabajo secular del Centro vaticano, para liquidar toda traza de democracia interna y de intervención de los fieles en la actividad religiosa, ha sido plenamente logrado y se transformó en una segunda naturaleza de los fieles, aunque haya determinado precisamente esa forma especial de catolicismo que es propia del pueblo italiano.



Lo sorprendente y característico, es el hecho de que este tipo de fetichismo se reproduzca en la consideración de los organismos "voluntarios", no "públicos" o estatales, como los partidos y sindicatos. Se es inducido a concebir las relaciones entre el individuo y el organismo como un dualismo, y a una actitud critica exterior del individuo hacia el organismo (si la actitud no es de una admiración entusiasta, falta de critica). De todas maneras una relación fetichista. El individuo espera que el organismo actúe aunque él no lo haga y no reflexiona que por ser la suya una actitud muy común, el organismo es necesariamente inoperante. Por otro lado, hay que reconocer que estando muy difundida una concepción determinista y mecánica de la historia (que pertenece al sentido común y está ligada a la pasividad de las grandes masas populares), al observar cada individuo que no obstante su falta de intervención algunas cosas ocurren; termina pensando que por encima de los individuos existe una entidad fantasmagórica, la abstracción del organismo colectivo, una especie de divinidad autónoma, que no piensa con ninguna cabeza concreta, pero que, sin embargo, piensa, que no se mueve con determinadas piernas de hombres, pero que se mueve, etc.



Podría parecer que algunas ideologías, como la del idealismo actual (de Ugo Spirito), que identifican individuo y Estado, deberían reeducar las conciencias individuales; pero no me parece que esto ocurra en los hechos, ya que la identificación es meramente verbal y verbalista. Y lo mismo puede decirse de toda forma de "centralismo orgánico" fundado en el presupuesto --verdadero sólo en momentos excepcionales de enardecimiento de las pasiones populares-- de que la relación entre gobernantes y gobernados está dada por el hecho de que los gobernantes concretan los intereses de los gobernados y "deben" por lo tanto lograr su consenso. Vale decir, debe verificarse la identificación del individuo con el todo, estando el todo (cualquiera que fuese el organismo) representado por los dirigentes. Así como para la Iglesia católica un concepto tal no sólo es útil sino necesario e indispensable --toda forma de intervención desde abajo disgregaría a la Iglesia, como se observa en las Iglesias protestantes-- para otros organismos es cuestión vital el logro de un consenso no pasivo e indirecto, sino activo y directo; es decir, la participación de los individuos aunque esto provoque la apariencia de disgregación y de tumulto. Una conciencia colectiva y un organismo viviente se forman sólo después que la multiplicidad se ha unificado a través de la fricción de los individuos y no se puede afirmar que el "silencio" no sea multiplicidad. Una orquesta que ensaya cada instrumento por su cuenta, da la impresión de la más horrible cacofonía; estas pruebas, sin embargo, son la condición necesaria para que la orquesta actúe como un sólo instrumento".



jueves, 16 de diciembre de 2010

viernes, 26 de noviembre de 2010

miércoles, 31 de marzo de 2010

Metáfora 3

En la entrega anterior, empecé diciendo que en la definición de metáfora, no veo base alguna para afirmar que Aristóteles considera esta figura como una comparación oculta o abreviada, como lo hacen algunas poéticas modernas. No obstante esta afirmación tiene que ser corregida, pues los modernos siguen en esto una tradición antigua. Marco Fabio Quintiliano en su “De institutione oratoria” dice claramente obedeciendo en esto a retóricos griegos: “metaphora brevior est similitudo... comparatio est, cum dico fecisse quid hominem ut leonem; traslata, cum dico de homine: leo est”. ["La metáfora es en un todo más breve que la semejanza, y se diferencia de ella en que aquélla se compara a la cosa que queremos expresar, ésta se dice por la misma cosa. Comparación es cuando digo que un hombre se portó en algún negocio como un león. Traslación cuando digo de un hombre que es un león". Les doy aquí la traducción de Ignacio Rodríguez y Pedro Sandrier]

Ante esta autoridad y aún mayormente cuando a esta manera de ver las cosas se ha ya asociado, ni más ni menos que Cicerón, uno debe de todos modos prestar oído atento. No obstante el tiempo pasa y a pesar de que todavía no existe una oposición frontal, poco a poco han ido apareciendo posiciones que matizan el significado de la metáfora, ya no tanto como una comparación abreviada, ni oculta, sino como un traspaso de significaciones de un campo a otro. Pero antes de entrar a este tema, voy a referirme al argumento de la desaparición del “como” para explicar el aparecimiento del sentido metafórico.

La comparación es una imagen antigua y fecunda, presente desde los cantos homéricos hasta hoy. Lautréamont (1846-1870), en sus Cantos de Maldoror, nos señala lo que sigue: “C’est, généralement parlant, une chose singulière que la tendance attractive qui nous porte à rechercher (pour ensuite les exprimer) les ressemblances et les différences qui recèlent dans leurs naturelles propriétés, les objets les plus opposés entre eux, et quelquefois les moins aptes, en apparence, à se prêter à ce genre de combinaisons curieuses.” [Hablando en general, es un asunto muy singular la tendencia atractiva que nos mueve a buscar (para luego expresarlas) las similitudes y las diferencias que entrañan en sus propiedades naturales los objetos más opuestos entre sí, y a veces los menos aptos, aparentemente, para prestarse a este género de curiosas combinaciones].

Volviendo al origen aristotélico del parentesco entre la comparación y la metáfora, el filósofo griego nos habla de alguna manera de esta “tendencia atractiva que nos mueve a buscar las similitudes”, como una virtud necesaria para crear metáforas. “... "Esto es lo único que no puede aprenderse de otros, y es, asimismo un signo de genio, puesto que una excelente metáfora implica una percepción intuitiva de lo semejante y lo desemejante."

Se empieza pues comparando. La comparación poética urge del “como” para funcionar:

“El hombre

de la costa

se ve minúsculo

como pulga marina”. (Pablo Neruda, 1904-1973).


Rotunda y, al decir de Lautréamont, muy curiosa combinación, tan curiosa que el mismo poeta se desmiente y recurre a otro animal:

“No es verdad.

Ha colgado

como araña

en las piedras, en

el erial marino

su mansión miserable,

el hombre

de las tierras desdentadas

con trozos de latón, con tablas rotas

puso techo sobre los hijos

y salió cada día

al martillo, al cemento,

a los navíos”.

La figuras abundan en las “Nuevas odas elementales” del poeta chileno. En este trozo vemos el simil con la araña y la construcción laboriosa de la telaraña se nos presenta también al espíritu y de alguna manera esperamos verla, no obstante lo que aparece es una expresión antitética “mansión miserable”, reforzada por los escuetos y pobres materiales usados. La otra gran imagen, la metonimia, surge en la corta enumeración final.

Profesor de literatura y griego antiguo en París y director de la colección “Sujets” en la casa editora Belin, Alain Frontier nos explica a su manera como surge la metáfora al “borrar” la palabra “como”: “Du reste le mot comme peut être gommé (telle dame n’est plus seulement belle comme un astre, elle est un astre) et la comparaison faire place a la métaphore. Le mot comme souligne et signale qu’il y a saut d’un monde dans un autre; il permet par là de prendre conscience de l’opération qui s’effectue dans l’imaginaire ou dans l’écriture. La métaphore, elle, oublie volontairement le premier terme. En supprimant le mot comme, elle ne se contente de voir une ressemblance entre les choses, elle opère une métamorphose”.(La Poésie, Belin, París, 1992). [Por lo demás la palabra como puede ser borrada (tal señora no es más solamente bella como un astro, es un astro) y la comparación cede su lugar a la metáfora. La palabra como subraya y señala que se realiza un salto de un mundo a otro, permitiendo con ello tomar consciencia de la operación que se efectúa en la imaginación o en la escritura. La metáfora olvida a proposito el primer término. Al suprimir la palabra como no se limita a ver una similitud entre las cosas, sino que además opera una metamorfosis”.]

Sin que esta visión sea completamente desacertada, en las siguientes entregas trataré de mostrar, sirviéndome de algunas contribuciones lingüísticas, que la metáfora posee un funcionamiento sintáctico y semántico que no se limita a la mera ocultación o abreviación de la comparación.

 
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