Me hubiera gustado otra versión, Marianita.
domingo, 16 de marzo de 2008
jueves, 13 de marzo de 2008
sábado, 8 de marzo de 2008
Simplemente y para siempre
Los gallos espantaron con sus roncos cantos a las sombras,
juguetonas, saltarinas se fueron con la noche mostrándole al día sus rojas lenguas.
El día, a gatas, comenzó furioso a engalanar sus luminosos dientes
y poco a poco llenó de azules reflejos su capa adormecida.
En medio de este pleito me descubro esperándote
en el vano de mi soledad y en vano quiero
hablarte sin imágenes de este infierno.
Me hubiera gustado poder hacerlo.
Pero basta que aparezcas para que cese mi oscura demencia.
Sólo entonces florece mi más clara locura.
Tu luz devasta el viejo corazón que aún anhela batir velas en el viento de un último viaje.
Nunca fui el joven y bello bailarín que hubiera medido
cada paso sin tropezar,
ni lucir en cada cita el miedo de entrar en tu pasado.
Tus ojos negros meten fuego en mis entrañas
y mis segundos presurosos vuelven paraíso este infierno.
Son instantes de loco engaño.
Sé muy bien que te he bañado de palabras,
mis caricias,
mis besos,
mis te quiero
también son rojos como las sombras que espantan al día.
Te busco simplemente. Te busco siempre.
Encuentro mi locura rejuvenecida, preñada de ilusiones, olvidadiza del tiempo,
de los implacables relojes y de los inclementes espejos.
Te quiero como te busco, simplemente y para siempre.
8 de marzo de 2008
sábado, 1 de marzo de 2008
Complaciendo a una amiga
Este sueño que te voy a contar, querida Marianita, no es de los de la última racha, es un sueño que me marcó por lo que en él vi y luego por la emoción que sentí muchos años después al descubrir en la cinemateca de Jerusalén la película de Ingmar Bergman, "Fresas salvajes".
Voy por partes. La película salió en 1957. El cine sueco no llegaba a mi ciudad, tal vez pueda decir a mi país. De todos modos puedo asegurarte que en esa época ni en sueños podía imaginar la existencia de Bergman... En todo caso mi sueño tuvo lugar una noche del invierno moscovita de 1962. Hizo un frío atroz y memorable, según se dijo desde el famoso invierno del 43 no había vuelto a hacer tanto frío. Tuvimos semanas con 20 grados bajo cero y algunas veces el termómetro bajó hasta los 32. Nada más normal que un joven salvadoreño sueñe con su país, cálido, lleno de luz tropical. Pues fue así. Me veo, esto casi nunca es cierto, en los sueños uno no se ve, se siente, se adivina, como en le vida uno ve el entorno. En todo caso estoy en mi ciudad, Santa Ana. La veo cambiada, no la reconozco, pero sé que es Santa Ana. Estoy en una parada, en una estación. Llega un carruaje tirado por un percherón. El conductor tiene un aspecto muy sombrío y como resulta en los sueños no me extraña para nada que existan carruajes tirados por caballos. Nunca en mi ciudad los vi. Subí, me acomodé en el compartimento y el carruaje se puso en marcha. No sé cuánto tiempo duró el trayecto, de todos modos, de seguro buen tiempo, pues cuando me subí el sol aún no declinaba. Sentí que el camino era un largo descenso.Al llegar a destino me esperaban dos primas mías, con ellas jugué mucho en mi infancia y hacia una tuve sentimientos particulares. Había llegado a un pueblo desconocido y al verlas no recuerdo que tuve sorpresa alguna. Comenzamos a pasearnos por las calles, ellas me mostraban los patios, algunos jardines, parques. El sol ya estaba ocultándose detrás de unas oscuras colinas. En el paseo nos acercamos a una plaza en la que había muchos relojes encima de unos postes. Pero ninguno tenía agujas, no daban la hora. Tampoco recuerdo que ese detalle me sorprendiera. No obstante me hizo pensar que ya había transcurrido largo tiempo y que el día se iba a acabar. Le pedí a mis primas que me condujeran a la estación. Una de ella, hacia la que tuve particulares sentimientos, sonrió y no me contestó. Recuerdo que la noche se avecinaba como en el trópico con pasos negros y agigantados. Todo se estaba poniendo oscuro. Insistí entonces para que me llevaran a la estación. Entonces mi prima me dijo, "no hay viaje de regreso, los carruajes no vuelven, uno viene aquí para quedarse". Entonces descubrí que los tres estábamos muertos y que con mi prima nos amaríamos eternamente. De todos modos los encontrados sentimientos de la muerte y el amor hicieron que mi corazón se pusiera a galopar y me desperté angustiado y feliz.
En la película de Bergman hay un reloj sin agujas tirado por el suelo y carruajes tirados por percherones como en mi sueño. ¿Qué te parece, Marianita?
viernes, 29 de febrero de 2008
Tu nombre
hacia ese no lugar de tu ausencia
y por tu nombre te invoco
surge entrañable el sortilegio
que pone el ritmo de tus venas en las mías.
Entonces las fronteras, los mares, esos días
de viaje y todas las horas de insomnio
ya no aparecen como el límite,
ni el fin de nada, pues recia estás en mí
preñando mis labios de imposibles besos.
Estás aquí. Adentro. Bailás en mi cabeza
el pequeño y nocturno rondó de Mozart
y tus brazos abiertos son el despliegue
alado de generosas y virginales caricias.
Hacia arriba. Siempre hacia arriba,
buscando que la invocación de tu cuerpo
por tu nombre ilumine mis manos pardas,
cuando la altura de tu cadera me permita
vislumbrar los nuevos horizontes del goce.
Cargadas de esperanzas mis venas
se abren a las tuyas cuando tu nombre
son el único beso y la más honda ternura.
28 de febrero de 2008.
miércoles, 27 de febrero de 2008
Giordano Bruno
Fijense en la fecha, 1600, no es pues una fecha del oscuro Medioevo.
Bruno fue uno de los sabios más impresionantes de su época.
Cuestionó el heliocentrismo y no se retractó. Este fue su gran pecado.
Lo condenaron en vida católicos, calvinistas y luteranos;.
Bruno nunca se doblegó ante los dogmas de su época.
domingo, 24 de febrero de 2008
Una gota de luz
A tientas, palpando la humedad de mudas paredes,
casi a rastras, sintiendo el suelo vacilante a cada paso,
hacia abajo, hundiendo el cuerpo, el alma enfrente,
he buscado puertas, orificios y aberturas, la fuga.
Nadie sin un guía ha podido terminar con el cáliz.
El mundo es ciego, el destino intransigente y largo.
La voz en las sombras es siempre un ronco grito
y el eco repetido la cotidiana venganza de la nada.
La vida del subsuelo es una infinita esperanza
de una mano tendida o tal vez del dulce olvido.
En la honda sombra los sueños son prohibidos,
la pesadilla la rotunda realidad de los aciagos días
y al oír una voz, una voz que viene de la luz
todo el cuerpo se resiste al espanto del engaño.
No pude creer el primer día, porque tu llamado
para que me alzara al mundo luminoso donde
tu sonrisa era la clara llama de un amor fecundo,
me pareció la vana puerta hacia la ilusión perdida.
No pude creerlo. Tuve que arrinconarme en el llanto.
Pero vos bajaste segura y me ayudaste a apurar el cáliz
y recobrar riendas. Me enseñaste que los brazos abiertos
pueden también ser otra cosa que una sangrienta cruz.
Tu voz fue la primera gota de luz para mis labios secos.
22 de febrero 2008.
martes, 12 de febrero de 2008
Habitado por tu ausencia
me sentí de repente habitado por tu ausencia.
Se me volvió angustia este papel
que guarda tu imagen lejana,
mi mano temblando le suplica un gesto,
un movimiento solo, no hay consuelo
de verte ahí aprisionada, cerca y tangible,
pero te siento otra, sos vos, pero no,
tus labios, tus ojos sonrientes, tus desnudos hombros,
tu frente inmaculada,
te remedan, quieren ser lo que no son,
se esfuerzan en parecerte y a veces me parece
que cobran vida, que me tendés tu mano
para tocarme, para aplacar mi mejilla
que arde aún de un beso imaginado.
Busco tu perfume, la letra de tu puño,
busco también tu aliento, tu pulso
y me encuentro desesperadamente
habitado por tu ausencia.
26 de octubre 2007.
martes, 5 de febrero de 2008
sábado, 2 de febrero de 2008
Toda vos te quiero
Inagotable mi sed de vos.
Mi hambre.
Me has dado tanto, tanto
y no me basta.
Siempre pido más,
un beso más, un te quiero.
Y tu belleza
se multiplica en el detalle,
en el escondido lunar,
en la mecha ondulante que de tu cabeza cae.
Te volvés infinita en tus brazos que se abren
de par en par
para que salgan
de tu pecho
todos los pájaros de la tierra.
Quiero siempre más de vos,
una palabra más,
otro consejo,
un minuto más,
un eterno instante.
Y sos en mis venas el tiempo.
Quiero para mí todas las saetas de tu oscura mirada,
toda la luz,
toda la hondura
de tus ojos negros.
Toda vos te quiero.
2/02/08
jueves, 31 de enero de 2008
El niño flechero
¿No oís nada?
Escuchá bien.
Un hombre camina
sin rumbo
por arenas donde en otro
tiempo jugó un niño
con arcos y flechas
sobre corazones
heridos.
Las arenas devoran sus pasos
y el derrotero
ha perdido horizontes.
¿No oís ahora el llanto del niño?
La ceñuda vida
ha quebrado sus flechas.
El hombre avanza
hiriendo sus pies
en las envenenadas puntas.
El antiguo niño
se burla
de su propio llanto,
de la misma vida
y de los sangrientos pasos.
¿Oís ahora
cómo se arrastra
el hombre manchando
la arena?
El niño
se ha quedado atrás,
muy atrás
recogiendo sus flechas,
limpiando la sangre
con blancos pañuelos.
Pañuelos que tal vez
sirvieron para largas,
tormentosas despedidas.
¿Oís ahora?
Escuchá esos pasos
forzados que arrastran
un cuerpo que niega
voltearse
y contemplar su vida.
¿Teme arrepentirse?
Tal vez (en esta marcha
nada es certidumbre)
lo arrastra hacia delante
un vértigo de luz
o el profundo eco
de un llamado.
¿Lo oís ahora
que se pone a soñar
en voz alta?
¿Oís que conjura
la angélica
aparición de una imagen?
¿Oís cómo se estremece
de miedo,
cómo tiembla igual
que un niño
que adivina que
la ceñera vida
resquebraja la antigua
ilusión de sus flechas?
3 de octubre de 2007
miércoles, 30 de enero de 2008
Kerbala
está a punto de florecer,
despojada de nubes,
vestida de estrellas,
por los cielos, siniestros
halcones aullan,
arrojando huevos
de miedo,
enormes semillas
de espanto.
La noche se pone triste
con sus despedazadas
tejas
y sus pequeñas muertes
sin íntimas agonías,
calladas con estruendo.
6 Abril 2003
sábado, 26 de enero de 2008
Sólo mi sangre
El día se asomó alegre,
de sol,
de trinos,
de cielo despejado,
de suave brisa
acariciadora,
para colmar su alegría
busqué para embriagarme
tu perfume,
surgió exacta
tu erizada piel
entre mis manos.
¡Tremendo delirio
del tacto y del olfato!
Sólo mi sangre
puede invocarte entera,
sólo mi sangre en el fuego
de la espera
se arrastra lenta
en las venas,
sintiendo el abierto
collar de tus brazos
acogedores.
Tu presencia, aquí,
en mi cuerpo, es sangre.
miércoles, 16 de enero de 2008
También entonces
como el mar en su resaca,
insistente como la nocturna soledad.
A veces como un fantasma
busca la tenebrosa ausencia,
la tiniebla ciega,
se vuelve entonces
la negra flor del olvido.
Pero
hay otra fuerza
candente,
esa que busca como
palpando al día
la hora vertical de tu presencia
y entonces
tu imagen,
tu voz,
tu negra mirada,
y tus cabellos en lidia
con el viento
son la vigorosa pujanza de la vida.
Estás
plantada, firme,
triunfante
en el eje mismo de mi existencia.
Sé, tiemblo, me estremezco
cuando la sombra que llega siempre
siembra dudas de mi propia presencia
y urjo entonces de tus manos
para que me hablen,
cuando ya no resuena
tu voz en mi cuerpo
y mis ojos confunden
ocasos y auroras.
Estás en mí
clara y oscura.
Sos la vida que en mi sangre
germina la luminosa locura
de quererte
y mis labios buscan tu cuerpo
desde un extremo al otro,
desde tus pies
hasta tu alta frente.
También entonces
tiemblo y me estremezco.
domingo, 13 de enero de 2008
Encrucijada
¿Lejana o distante?
El abismo es el mismo.
Es un ruido que se ha ido
en la quebrada,
retumbando,
con las sufridas piedras,
lágrimas calcinadas,
por este curso
que serpentea
para dilatar la pena.
Nada desemboca en la nada.
¿El mar?
Esa inmensidad no tiene tiempo
para abrir sus fauces
y tragarse la implacable ausencia.
Pude ver un instante,
¿imaginado?
Tal vez soñado,
corto, lo sé,
unas manos abiertas
como alegres mariposas
que deseaban secar
la sal de mis mejillas
y las sentí tiernas,
palpando la herida,
acallando el llanto.
La ilusión fue certera.
Fertil,
como son las serpientes
en las noches de plenisombra.
Ciega,
como toda ilusión,
no creyó que el presente,
tenaz,
viaja por los mismos
senderos
que llevan al pasado.
¿El recuerdo?
El recuerdo no sabe de caminos.
miércoles, 2 de enero de 2008
Poema
La primera brisa,
la sombra apenas insinuada,
la luz tímida,
un rumor lejano,
un pájaro en la alta rama.
El día despunta,
la memoria insiste
y tu imagen clara penetra
victoriosa
en mis sentidos.
El tiempo se puebla
con las letras de tu nombre.
Entonces tu alegría
germina en mis venas
y el cielo gris,
cargado, queda vencido.
Todo se vuelve
signo de tu presencia:
las últimas hojas del otoño
ya remoto, ausente,
la húmeda tierra,
la prisa del transeúnte
y todas la cosas
que fecundan al día.
